Cienfuegos, EU y Militarización

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En la Opinión de David Brondo

La detención del General Salvador Cienfuegos el pasado 15 de octubre en el aeropuerto de Los Ángeles, California, por delitos contra el narcotráfico ha venido a poner en tela de duda la fortaleza de la institución mejor calificada del Estado Mexicano: el Ejército, hoy bajo escrutinio internacional por la presunta participación de uno de sus más altos mandos en procesos mayúsculos de corrupción.

El presidente López Obrador ha pedido a la sociedad y a los actores políticos deslindar la actuación personal del General Cienfuegos con la de las fuerzas armadas. ¿Es factible eso? ¿Es posible deslindar a quien fuera el Secretario de la Defensa Nacional apenas el sexenio pasado de toda la estructura militar?

El jefe del Ejecutivo también ha solicitado no juzgar a priori al mando de la milicia: “Aún en el caso de ser responsable”, dijo recientemente en Oaxaca, “no es lo mismo la conducta del General Cienfuegos que una institución como la Sedena”.

Las palabras del presidente son una exoneración a priori no del titular de la Sedena en el sexenio de Enrique Peña Nieto, pero sí de toda la estructura del Ejército o, al menos de la élite de los militares a la que pertenecía el General Cienfuegos.

A pesar de las graves acusaciones de las agencias de Estados Unidos, el mandatario no anuncia ni una investigación de México sobre el desempeño del General de Cuatro Estrellas ni contra su entorno cercano. ¿Por qué? El mando es acusado por delitos vinculados al narcotráfico, lavado de dinero y conspiración criminal. Entre los cargos se incluyen manufactura, distribución e importación de cocaína, heroína, metanfetaminas y mariguana. El asunto no es menor: se trata del más alto funcionario de México capturado en el extranjero.

Lo menos que podría hacer el gobierno mexicano es indagar, por cuenta propia, la actuación de Cienfuegos. Las acusaciones del gobierno estadounidense son gravísimas: señalan ni más ni menos a quien fuera la cabeza del Ejército de corrupción y narcotráfico y, ¿en México no se hace nada?

El gobierno de la Cuarta Transformación ha actuado con desconcierto en el caso, no sabe qué hacer al respecto. No se trata de juzgar a priori ni condenar desde ahora al General Cienfuegos, sino únicamente de tener elementos propios sobre las formas de operación de la institución más hermética del país.

Cienfuegos es un militar influyente en la élite del Ejército. Pertenece a ella. Investigaciones periodísticas han revelado cómo sus excolaboradores siguen firmes en áreas estratégicas de la Sedena: la Subsecretaría, la Oficialía Mayor, el Estado Mayor, la Contraloría y la Dirección de la Industria Militar. ¿No sería necesario investigar aquí a Cienfuegos y a su círculo más cercano? ¿Sigue siendo el Ejercito una institución intocable?

Habrá que esperar el desarrollo del juicio. Sin embargo, para aventarse un tiro de esta envergadura, las instituciones de Estados Unidos deben tener indicios sólidos y pruebas irrebatibles. ¿Va a refutar el presidente López Obrador la solidez de las acusaciones? No, por supuesto. Al beligerante presidente no le ha quedado otra más que callar. No tiene elementos para dar una pelea de pesos pesados.

El trancazo ha cimbrado las relaciones bilaterales. La administración de Donald Trump ni siquiera le corrió al gobierno de la Cuarta Transformación la cortesía de notificarle la investigación en curso. ¿Desconfianza? ¿Fracturas en programas conjuntos de seguridad? ¿Mensaje cifrado?El golpe de Estados Unidos fue seco. Daña, sí, la relación bilateral, pero sobre todo a las estructuras políticas de México y al gobierno de López Obrador, que le ha dado todo —proyectos de obra, recursos financieros, bancos, hospitales, Guardia Nacional— a los militares.

En círculos gubernamentales, políticos y legislativos se le ha dado una lectura interesante a la investigación contra Cienfuegos: Estados Unidos está proclamando un rotundo “¡ya basta!” al creciente proceso de militarización de la Cuarta Transformación.

Según esta lectura, no es tanto la falta de resultados en la lucha contra el narcotráfico ni las fallas en la estrategia de seguridad. Tampoco un coscorrón a la administración de Peña. No, se trata de un leñazo sin precedente contra el Ejército, el presidente López Obrador y el proyecto de militarizar la vida nacional.Obviamente el gobierno norteamericano no ha visto con buenos ojos la falta de resultados en seguridad, los excesos de la Guardia Nacional, la falta de un proyecto contra el crimen organizado o el desastre de la operación militar contra Ovidio Guzmán. Pero es posible que el mensaje de las agencias de Estados Unidos vaya más allá: no queremos la militarización de nuestro vecino del sur.De hecho, dentro de los círculos gubernamentales de México hay quienes sostienen una hipótesis: el caso del general Cienfuegos es una fuerte llamada de atención al Estado Mexicano. La lumbre de las indagatorias podría extenderse a mandos actuales si la Cuarta Transformación no emprende cambios sustanciales para limitar el papel del Ejército en las esferas económicas, políticas y sociales del país.

Ese sería el mensaje oculto de la detención: Estados Unidos no quiere la militarización de México y, por lo demás, hay elementos y pruebas para extender las investigaciones a la estructura actual de la Sedena. Preocupante, ¿no?
López Obrador está en un dilema: la estructura militar fue cimbrada, hay mandos del Ejército insatisfechos por la falta de una defensa sólida de la institución y por el “abandono” del gobierno al general Cienfuegos, uno de los “suyos” y, por otra parte, Estados Unidos exhibe las debilidades de un gobierno que no sólo no investiga la probable corrupción al interior del Ejército, sino que, por el contrario, le da manga ancha, facultades extra constitucionales, para cogobernar el país con el presidente.

Galerín de Letras

Gracias a la estrategia de inmunidad de rebaño del “zar antivirus”, Hugo López-Gatell, en México la muerte tiene permiso. El país rebasó ayer oficialmente 90 mil 300 muertos por Covid. La tasa de letalidad es increíble: 10 por ciento. El escenario catastrófico —el imposible, absurdo, inadmisible escenario— proyectado por el “zar” eran 60 mil muertos por coronavirus. De ese tamaño es la tragedia.

Twitter: DBrondo