Roban y venden perro influencer… restaurante lo cocina

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Roban y venden perro influencer... restaurante lo cocina

Durante casi nueve años, Chutou acompañó a su dueño por desiertos y montañas nevadas de China. Dormía junto a una tienda de campaña en el Gobi, vigilaba el coche durante las paradas y aparecía en vídeos que millones de personas seguían en las redes sociales. Era un border collie dócil y de mirada despierta, una pequeña celebridad de internet con más de un millón y medio de seguidores en una cuneta que su dueño le había creado en Douyin, equivalente a TikTok.

La historia de Chutou ha terminado de la forma más brutal posible. En mayo, mientras su dueño, Guo, realizaba un viaje por carretera en el extranjero, Chutou quedó al cuidado de sus padres en una zona rural de la provincia de Henan, en el centro de China. Una mañana, el padre de Guo trabajaba en el campo y el perro permanecía junto al camino vigilando el vehículo familiar, una escena habitual para un animal acostumbrado a acompañar a la familia. Las cámaras de vigilancia registraron entonces una secuencia que ha conmocionado a millones de chinos.

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En las imágenes se observa cómo una pareja llega en una moto eléctrica. La mujer desciende primero y examina los alrededores. Cuando comprueba que nadie observa, corre hacia el perro y le agarra el cuello. El hombre se acerca inmediatamente después, inmoviliza las patas del animal y ambos lo introducen a la fuerza en la moto. Cubren el cuerpo con una manta cortavientos y abandonan el lugar a toda velocidad.

Cuando Guo recibió la noticia, interrumpió inmediatamente su viaje y regresó a China. Durante días recorrió aldeas, revisó grabaciones de cámaras y preguntó puerta por puerta hasta localizar a los responsables. Pero ya era demasiado tarde. Según la investigación policial, tres días después del robo, el perro fue vendido por apenas 180 yuanes (unos 23 euros al cambio) a un restaurante de carne de perro que lo sacrificó para su consumo.

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La noticia provocó una oleada de indignación en las redes sociales. Un animal que había acompañado a su dueño durante casi una década, seguido por más de un millón de personas y convertido en una pequeña estrella de internet, había sido reducido al precio de una comida. La reacción de los presuntos responsables agravó todavía más el escándalo.

Cuando Guo pidió explicaciones a los ladrones, alegaron que creían que se trataba de un perro callejero. La explicación chocó frontalmente con las imágenes de las cámaras, donde se aprecia cómo el animal es reducido por la fuerza. Además, Chutou llevaba collar y dispositivo de localización.

Desesperado, Guo intentó recuperar al menos algún resto del animal. Preguntó si era posible recuperar la piel o el pelaje. La respuesta fue demoledora por parte del comerciante que lo había comprado: todo fue vendido o desechado.

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El caso ha dejado ahora de ser únicamente la historia de un perro robado. Se ha convertido en uno de los debates sociales más intensos esta semana en las redes sociales de China.

Miles de usuarios y grupos animalistas exigen castigos ejemplares y reclaman una legislación específica para proteger a los animales de compañía. Muchos consideran que la muerte de Chutou ha expuesto una enorme laguna legal en un país donde el número de mascotas no deja de crecer, pero donde la protección jurídica sigue muy por detrás de la realidad social.

China no dispone actualmente de una ley nacional específica de protección de animales domésticos. A efectos legales, perros y gatos continúan siendo considerados bienes materiales. En la práctica, la pérdida de una mascota suele traducirse en una disputa civil por daños económicos, independientemente del vínculo emocional existente entre el animal y su propietario.

Hace apenas dos décadas, la inmensa mayoría de los perros en China cumplían funciones utilitarias. Vigilaban explotaciones agrícolas, protegían viviendas o eran considerados simplemente animales de granja. En algunas regiones rurales seguía existiendo una larga tradición de consumo de carne de perro.

La China actual es muy diferente. El país cuenta hoy con una de las mayores industrias de mascotas del mundo. Millones de jóvenes urbanos consideran a perros y gatos miembros de la familia. Gastan fortunas en comida premium, seguros veterinarios, hoteles para mascotas, ropa, juguetes, tratamientos médicos y hasta funerales especializados.

Por El Mundo