POR SOY ACTITUD
Hace una semana fui a comer con una amiga y en medio de la plática algo me dejó helada. Hablando de nuestras parejas, ella me decía que no acepta salir con hombres que no le paguen todas y cada una de sus cuentas.
En ese momento pensé en lo “doble moral” que podemos ser las mujeres. Vamos por la vida apoyando el empoderamiento femenino, nos decimos feministas con orgullo, los discursos de Emma Watson sobre la equidad de género nos ponen la piel de gallina, pero cuando de pagar las cuentas se trata, “mágicamente” nos olvidamos de la igualdad entre hombres y mujeres.
Uriel, mi amigo, me compartió una experiencia similar. Una de sus amigas se asumía como la mujer “luchona”, autosuficiente e independiente, pero también se sentía orgullosa de “aprovechar las ventajas que le da ser mujer” (como ella misma decía) y aprovecharse para que los hombres le pagaran todo.
Está también el caso de las mujeres que no se sienten atraídas en lo absoluto por el hombre que las pretende, sin embargo, cuando están aburridas, quieren salir de tragos o ir al cine, “mágicamente” recuerdan al susodicho y lo llaman para que las invite a salir porque asumen que les pagarán todo.
Aunque, también hay que mencionar que los hombres y mujeres podemos ser amigos sin que necesariamente haya una intención romántica o sexual. Que una chica acepte salir contigo no siempre significa que espera algo de ti (ni que le pagues la cuenta ni que seas su pareja).
Si de verdad queremos lograr una igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, debemos dejar de depender al cien por ciento de ellos.
No son superhéroes, les cuesta el mismo esfuerzo que a nosotras ganar el dinero, y, además, ellos también quieren sentirse queridos y sorprendidos por su pareja.
¿Por qué no invitar un drink a tu date en la primera cita? (Por qué esperar a que ellos lo hagan todo).
Mi pareja y yo nos dividimos los gastos desde el inicio. Algunas veces él me invita las comidas o conciertos, mientras que, en otras ocasiones, cuando se está quedando corto de presupuesto, no tengo problema en invitarlo a comer o pagar gastos que tenemos en común.
Para mí esa ha sido la clave para llevarnos bien. Ninguno depende del otro al cien por ciento, sino que somos un equipo que se complemente y puede darse sus gustitos gracias al presupuesto de los dos.
Si queremos abogar por la igualdad salarial, por la igualdad de oportunidades laborales y porque las mujeres sean libres, preparadas y autosuficientes, debemos dejar de pensar que es obligación de un hombre pagarnos TODO.





