La Isla del Castigo; Una vergüenza para las familias

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Por: BBC

En partes de Uganda, en África, las jóvenes que no estaban casadas y quedaban embarazadas solían ser una vergüenza para sus familias. Por ello se les llevaba a una pequeña isla para que allí murieran. Las que tenían suerte eran rescatadas. Una de ellas aún está viva.

“Cuando mi familia descubrió que estaba embarazada, me pusieron en una canoa y me llevaron a la Akampene (la Isla del Castigo)”, cuenta Mauda Kytaragabirwe.

“Me quedé allí sin comida ni agua durante cuatro noches”, agrega la joven, que fue enviada a ese lugar cuando tenía sólo 12 años.

“Recuerdo que tenía mucha hambre y mucho frío. Y casi estaba muriendo”.

Al quinto día, un pescador llegó al lugar y le dijo que la llevaría a su casa.

“Estaba algo escéptica. Le pregunté si me estaba engañando y quería lanzarme al agua”.

“Pero él me dijo: ‘No. Te llevaré conmigo para que seas mi esposa’. Así que él me trajo hasta aquí”, recuerda la joven con afecto, sentada en la varanda de la casa que durante muchos años compartió con su esposo.

Mauda vive en el pueblo de Kashungyera, a sólo 10 minutos en barco de la Isla del Castigo, a través del Lago Bunyonyi.

Esta es la Isla del Castigo, donde Mauda Mauda Kyitaragabirwe fue abandonada para que muriera.

 

Después de que su esposo la llevó a su casa en el pueblo de Kashungyera, Mauda se convirtió en tema de curiosidad y cotilleo.

Con el paso de los años se volvió una atracción turística y su hogar una escala regular de los viajeros que seguían la historia de la zona.

El castigo de las jóvenes, que se conoce en el idioma local como Okuhena, un término del cual se deriva el nombre local de la isla de Akampene, era una práctica antigua.

Mauda Kyitaragabirwe

“Tengo tres hijas. Si alguna de ellas se embaraza antes de casarse, nunca la culparé ni la castigaré”.

 

“Había escuchado de otras niñas que habían sido llevadas a la Isla del Castigo, aunque no conocía a ninguna de ellas. Así que al parecer yo también resulté tentada por Satanás”

Ella nunca volvió a ver o a saber del hombre que la condujo por el “camino de Satanás”. Sin embargo, hace mucho supo que había muerto.

Sobre su esposo, James Kigandeire, quien murió en 2001, cuenta: “Ah, ¡él me amó!. Realmente cuidó de mi”.

“El decía: ‘te recogí de la jungla y no voy a hacerte sufrir'”.

“Tuvimos seis hijos. Vivimos en esta casa hasta que murió”.

Se cree que Mauda fue la última joven que fue abandonada en la isla, y la práctica finalmente se suspendió después de que el gobierno reforzó la ley en la región.