Por Lourdes Lozada Fernández
CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- Cuando se incinera un difunto lo que se hace es acelerar el proceso natural de descomposición hasta convertir el cuerpo en polvo, señaló el Obispo de la Diócesis de Victoria, Antonio González Sánchez.
Cuestionado acerca del documento redactado por la Congregación para la Doctrina de la Fe –el antiguo Santo Oficio-, donde se habla del tema de la incineración de los difuntos, la prohibición de tener cenizas en las casas o esparcirlas en el mar, un río o un jardín.
“Algo que digo yo, ¿qué es lo que hace la incineración? Pues acelera un proceso que de todas maneras se va a dar en la tumba en donde el cuerpo se hace polvo, acá también ocurre eso pero antes”.
Reiterando que la Iglesia no permite la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra, o tenerlas en casa como recuerdo, piezas de joyería porque solamente se podrán conservar en un lugar sagrado.
“La muerte física es la separación del cuerpo y alma, el alma no muere, lo que muere es el cuerpo, la resurrección de los muertos cuando se dé es alma, ese cuerpo se unirá nuevamente y será cuerpo glorioso como lo fue el cuerpo de Cristo cuando resucitó”.





