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“Estudios avalan disminución del autismo en pacientes que han utilizado células madre del cordón umbilical”, advierte una de las muchas publicidades distribuidas a través de medios digitales y tradicionales sobre el uso de esas células que hasta hace algunos años eran desconocidas para la población.
La propaganda afirma que “investigaciones y protocolos que día a día realizan los médicos dedicados a las células madre del cordón y tejido umbilical han descubierto que esta terapia celular puede ayudar a las personas con autismo”, y cita que “estudios en diferentes partes del mundo, pero sobre todo en Estados Unidos, han obtenido resultados alentadores al mejorar la irrigación de áreas dañadas en el cerebro y, por sus propiedades inmunológicas, de reducir la inflamación en el cerebro”. Esto se afirma a pesar de que en ese país se dejaron de financiar este tipo de estudios desde hace algunos años. Incluso el anuncio refiere que la Universidad Autónoma de Nuevo León ha desarrollado, desde hace unos dos años, tratamientos con células madre para contrarrestar los efectos del autismo, los que hasta el momento han dado buenos resultados. Sin embargo, dichas investigaciones no son consultables a través de Internet.
De esta manera, el anuncio sugiere criopreservar, es decir, preservar en congelación, la sangre y el tejido del cordón umbilical de los recién nacidos para que, si llegaran a presentar autismo, dichas células pudieran mejorar el funcionamiento de su cerebro.
Muchos de los “bancos” de criopreservación se publicitan en internet, pero existen otros, como uno visitado por LetraeSe en el municipio de Los Reyes, Estado de México, que funciona al amparo de la cédula profesional de una médico pediatra y ofrece tratamientos a base de “células madre” para diabetes, a fin de que quien tenga el padecimiento no tenga que usar insulina. También dicen atender el mal de Parkinson, enfermedades del riñón, del corazón, Alzheimer, cáncer, entre muchas otras afecciones.
En este centro, denominado, Centro de Investigación Molecular, se practican intervenciones quirúrgicas para la transfusión de las células. Otros doctores firman las recetas médicas de quien auspicia el centro con su cédula profesional, ya sean para el cuidado post operatorio, la compra de medicamentos o el regreso al sitio para quitar puntos de sutura; incluso firman encima del nombre de quien presta la receta. El lugar no cuenta con los espacios adecuados para la realización de procesos quirúrgicos, pues es un simple consultorio médico, y en su publicidad exterior ofrece tratamientos con “células madre”, cuyo nombre científico es células troncales.
Las células troncales
Desde principios del siglo XX se sugirió la posibilidad de la existencia de células primigenias, y sin caracteres diferenciados, que podían originar otras células, ya maduras, de otros tejidos. Esto se comprobó a mediados de siglo y a partir de allí comenzaron a estudiarse este tipo de células y sus funciones.
Así, de acuerdo con Héctor Mayani, de la Sociedad Mexicana para la Investigación en Celulas Troncales, y Rubén Lisker, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutr´ición, sus características principales son la capacidad de autorreplicarse o dividirse para dar origen a células idénticas a ellas mismas y también pueden producir células maduras funcionales de diferentes tipos de tejidos.
Debido a que durante el desarrollo se producen diferentes tipos de células troncales, se les ha clasificado en tres tipos: totipotenciales, esto es, aquellas capaces de generar al embrión y tejidos extraembrionarios, como el cigoto; pluripotenciales, las que tienen la posibilidad de desarrollar cualquier tejido embrionario, contenidas en el blastocito o conjunto de células que aún no se ha implantado en el endometrio, y somáticas, que pueden ser multipotenciales, si desarrollan varios tipos de células maduras, o monopotenciales, si sólo generan un tipo de célula madura.
A partir de estos descubrimientos, se ha hablado de la plasticidad celular o capacidad de las células para producir células de tejidos diferentes al que pertenecen, y ha sido el gran reto para los investigadores.
Leyes nebulosas
De acuerdo con la Ley General de Salud, en su artículo 314, se entiende por células troncales a “aquellas capaces de autorreplicarse y diferenciarse hacia diversos linajes celulares especializados”. Sin embargo, en entrevista, María de Jesús Medina Arellano, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM señaló que dicha definición no diferencia los tipos existentes de células troncales.
La ley señala, en su artículo 316, que “los establecimientos de medicina regenerativa requieren de licencia sanitaria para funcionar”, y en el 327 establece que “está prohibido el comercio de órganos, tejidos y células. La donación de éstos se regirá por principios de altruismo, ausencia de ánimo de lucro y confidencialidad, por lo que su obtención y utilización serán estrictamente a título gratuito”. Sin embargo, el mismo apartado indica que “no se considerarán actos de comercio la recuperación de los costos derivados de la obtención o extracción, análisis, conservación, preparación, distribución, transportación y suministro de órganos, tejidos y células”.
Para Medina, especialista en bioética, este último apartado abre las puertas a que las clínicas que ofrecen tratamientos con “células madre” puedan cobrar por el proceso y no por la comercialización de las mismas, dado que “las extraen del propio cuerpo, las reinsertan y cobran por el procedimiento, pero no por las células”.
Ante la falta de una regulación más específica en la materia, la académica afirmó que esto ha permitido que México sea un punto turístico para quienes buscan tratamientos médicos no aprobados por agencias sanitarias internacionales en otros países. “Es tierra fértil porque muchas personas se aprovechan de la situación de las personas que viven con algunas enfermedades para las que hasta el momento no hay remedio y de la desinformación de la sociedad respecto a las células troncales y los avances científicos en la materia. Conlleva a un riesgo sanitario ya que no se sabe lo que realmente ofrecen cuando venden este tipo de productos, si de verdad son células troncales, de dónde las extraen, y qué consecuencias podría generar su uso”, afirmó.
El órgano encargado de regular dichos establecimientos es la Cofepris, que incluso ha promovido una política regulatoria que sanciona la publicidad engañosa de productos que se promocionan como si fueran la cura para muchos males, generando incluso una Norma Oficial en la materia, pero que no ha aplicado en el caso de tratamientos con células troncales en clínicas privadas.
En proceso de descubrimiento
En contraparte, en el rubro de la investigación científica la ley ha sido restrictiva. Los protocolos son muy restringidos, no se permite el uso experimental de células embrionarias humanas y los investigadores tienen cierta dificultad para reclutar pacientes porque están experimentando con personas para saber si los tratamientos que se ponen a prueba cumplen con la seguridad y eficacia, indicó Medina, autora del estudio Turismo médico asociado a las intervenciones con células troncales en México.
La mayoría de la información científica disponible actualmente sobre el uso de estas células es resultado de estudios de ciencia básica, pero para aprobarse como opciones terapéuticas deben pasar complejas pruebas de laboratorio, luego en animales y después en seres humanos para comprobar eficacia, efectividad y seguridad, comentó Medina.
Para investigar en la materia, están disponibles bancos de sangre de cordón umbilical, refirió la especialista, que sólo son útiles para el tratamiento de enfermedades cancerosas en la sangre, o sea, leucemia, e incluso el Centro Nacional para la Trasfusión Sanguínea tiene uno con el fin de obtener células troncales hematopoyéticas (de la sangre) para regenerar las de las personas con dicho cáncer.
La Sociedad Mexicana para el Estudio de Células Troncales (SMECT), que reúne a investigadores de instituciones públicas que llevan a cabo protocolos de investigación en la materia bajo estricta supervisión, advierte en su sitio de Internet que por el momento, el avance científico sólo ha permitido el uso de células troncales con fines terapéuticos para la reconstitución del sistema hematopoyético por enfermedad (leucemia) o daño (radioterapia o quimioterapia). En menor escala, para enfermedades del sistema inmune, tratamiento de enfermedades autoinmunes hereditarias o adquiridas, infartos cardíacos y cerebrales, daños a la médula espinal y como apoyo en los protocolos de pacientes con desórdenes neurológicos como la enfermedad de Parkinson y Alzheimer, aunque con un número pequeño de pacientes con características clínicas específicas, siendo los mayores avances en modelos animales.
Falsas esperanzas
El Parkinson es otro de los padecimientos multicitados en la publicidad alrededor de las células troncales. Se promete la “cura” de esta enfermedad neurodegenerativa provocada por la pérdida de células de una parte del cerebro denominada sustancia negra, encargada del movimiento corporal.
Al respecto, Mayela Rodríguez Violante, responsable del laboratorio clínico de enfermedades neurodegenerativas del Instituto Nacional del Neurología y Neurocirugía, consideró que la situación es grave porque en su práctica clínica diaria, muchas de las personas a quienes atiende le han planteado la posibilidad de someterse a un tratamiento de este tipo, que, además, refiere, llegan a encontrar hasta en tres mil 500 dólares, con la promesa de que se las van a inyectar y, como son “células inteligentes”, llegarán al cerebro para solucionar su problema.
La especialista les dice a sus pacientes que hasta la fecha no hay ninguna terapia aceptada y los trabajos existentes han presentado resultados muy buenos o muy negativos, por lo que los exhorta a no recurrir a esos tratamientos y a continuar con su medicación y terapia física, que les ayudarán a mejorar su condición de salud y retardar el avance de la enfermedad.
La SMECT ha emitido recomendaciones para evitar que quienes elijan este tipo de tratamientos sean víctimas de un fraude que pueda poner en riesgo su salud. Entre dichas recomendaciones está cerciorarse de que la institución (consultorio u hospital) esté certificada por el sistema de salud o por alguna asociación internacional, que el personal que intervenga en el procedimiento médico a realizar esté capacitado y cuente con títulos o cédulas profesionales, buscar una segunda opinión acerca del tratamiento que se ofrece, evitar tratamientos caseros, riesgosos y poco serios, solicitar ver las instalaciones en las que se “procesan” las células que se pretenden inyectar, y tomar en cuenta que los protocolos experimentales deben ser gratuitos para los pacientes, pues no es ético cobrar por algo que no se sabe si funcionará o no, además de que se llevan a cabo en instituciones públicas de salud.
Pero sobre todo, es necesario considerar que en la actualidad no existe ningún medicamento o procedimiento que “cure” todo.





