El día que el mundo confirmó la existencia de vida inteligente en Marte

Giovanni Virginio Schiaparelli fue el director del Observatorio Brera en Milán. Durante los años que mantuvo su puesto, desde 1877 hasta 1910, dedicó largas horas de su día a diseñar un mapa de Marte. Nombró sus áreas oscuras, sus valles, sus trincheras, sus mares y continentes con fuentes históricas y mitológicas. Un error de traducción haría que sus aportaciones tomaran otra dirección.

Un error de percepción sobre Marte

En italiano, canali se traduce como “canales”. Esta palabra, en ambas lenguas, tiene diversas acepciones. Una de ellas, al pasar a otros idiomas, se malinterpretó como evidencia de vida inteligente en el Planeta Rojo. En el contexto de la época, no era poca cosa.

Un par de años antes de su gestión, en 1869, el Canal de Suez finalmente había culminado su obra ingenieril como una de las más importantes del siglo. Con este antecedente, para los traductores de la época fue fácil entender que se habían encontrado estructuras similares en otro planeta, construidas por formas de vida marcianas.

A pesar de que las observaciones astronómicas de Schiaparelli eran acertadas, esta mala traducción atrajo la mirada de aficionados y científicos profesionales por igual. En esos años, no era poca cosa asegurar que había estructuras artificiales en Marte.

Un error transatlántico

La noticia llegó al otro lado del océano. En Estados Unidos, Percival Lowel —un astrónomo rico de Boston— decidió que la línea de investigación de Schiaparelli podría conducir a que los seres humanos teníamos competencia en nuestro vecino rojo. Nunca se imaginó que lo que estaba leyendo estuviera errado de inicio, por un traductor incompetente.

Con sus recursos, Lowel construyó su propio observatorio en Arizona. Decidió partir de la base de que los canales artificiales eran reales, y construyó mapas enteros en los que los ubicó geográficamente sobre la superficie marciana. Durante sus años de práctica, estaba convencido de que lo que estaba haciendo era ciencia.

Según su lógica, los canales fueron creados por formas de vida inteligente que necesitaba llevar agua a sus comunidades desde los polos del planeta. Sobre esta premisa, escribió libros enteros que se posicionaron entre los más vendidos y populares de la época. Con ilustraciones y coordenadas específicas, publicó sus ideas en varias ocasiones sin saber que todo se trataba de un malentendido.

A pesar de que los estudios de Lowel fueron errados de origen, sí podemos atribuirle nuevas líneas de investigación empírica que se decantaron de sus publicaciones. Distintos científicos se encargaron de desmentir sus argumentos, y eventualmente sus libros pasaron a ser catalogados como ciencia ficción.

No fue hasta la década de los 70, sin embargo, que la NASA finalmente pudo desenmascarar con pruebas fehacientes que nada de eso existió nunca. Con la misión Viking, se pudo observar con cercanía la superficie marciana. No había un solo canal artificial a la vista.

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