Columna Rutinas y Quimeras

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Rutinas y quimeras

Disfrutar la Sierra Madre

Estoy convencida que la preservación del patrimonio cultural empieza por su valoración, con el objetivo de fortalecer la identidad y la memoria de las comunidades; pero quizá el fin último e inmediato es su disfrute.

Siempre existe polémica cuando se interviene un bien cultural, porque todos nos sentimos con derecho para opinar, al asumirlo como nuestro, por la simple razón que forma parte del paisaje de nuestra ciudad, nuestra cuadra, nuestro espacio cotidiano.

En Ciudad Victoria, los últimos años, la polémica por la intervención de ciertos bienes culturales, monumentos o espacios ha despertado no solo el interés sino también la polémica por parte de algunos sectores sociales, las obras que los gobiernos estatales realizan en ellas; como lo han sido el Paseo Méndez, el estadio, la plaza Juárez y el 17, la calle emblemática de la ciudad, una de las más antiguas y que produce mayor nostalgia entre los victorenses.

Pero la remodelación de todos estos espacios, también ha servido para que la población empiece a valorar estos bienes y tome conciencia de su patrimonio cultural, y estemos de acuerdo o no en si se debían intervenir cambiando su fisonomía, lo cierto es que al ver las obras concluidas la ciudad goza de un paisaje más bello, más elegante, más amigable.

Ahora, en esta navidad los victorenses hemos recibido un regalo muy hermoso, el mirador de Altas Cumbre; nuestra extraordinaria Sierra Madre, que nos protege de día y de noche, y a la que generalmente nosotros ni volteamos a verla se puso de moda. Caravanas de coches transitaron diariamente por la antigua carretera a Tula para subir al mirador y tomarse la foto con la Sierra, nunca antes, creo, había sido la protagonista, tan popular, tan admirada y tan disfrutada como un paisaje cultural.

De ahí, el recorrido por el Camino rojo que no todos los que visitaban el mirador se atrevieron a recorrer, sin embargo, muchos que lo hicieron tuvieron oportunidad de ver las montañas en lontananza y algunas curiosidades que en el camino se descubren como la cueva del soldado, la placa que anuncia quién construyó el muro de contención del camino, los puentes de piedra, la casa del obispo rebelde.

La obra sin duda facilita el disfrute del paisaje cultural de la Sierra Madre, ahora que precisamente se está poniendo el énfasis en el estudio de los paisajes rurales, entendidos no como una postal que se ve y se disfruta solo con la vista, sino, asumida desde la comprensión de un espacio que está afuera de la ciudad y nos permite el gozo de lo natural, a través de vías accesibles.

Aunque en ocasiones no se escapa al vandalismo, al saqueo de vegetación, sobre todo de cactáceas, al tiradero de basura; la valoración del patrimonio y del paisaje también implica una responsabilidad del visitante, para garantizar su protección y conservación.

Por eso vaya, suba al mirador, respire, abrace a la Sierra y tómese la foto, con esa belleza que siempre posa con su vestido verde, porque el patrimonio cultural y natural es para disfrutarse.

E-mail: claragsaenz@gmail.com