Por Marco Antonio Meza-Flores
Teólogo y Psicólogo clínico.
Como llevo haciéndolo desde hace cinco años, hoy 18 de enero escribo para celebrar mi cumpleaños, un día como el de hoy, pero de hace cuarenta años comencé la aventura de la vida, y no crean, ha sido complejo, entre subidas y bajas, caídas y levantadas, he aprendido a vivir. A los 30 años descubrí que no debo de hacer nada que no me cause placer, así que he hecho esto desde ese tiempo, si no causa placer en mí, lo dejo a un lado y continúo. Entre lágrimas y risas he aprendido a beber la sabia de la vida, a ser libre y a no encadenar a nadie, a decir lo que pienso, pero antes de decirlo, pensar lo que digo, a disfrutar cada mañana y cada noche, a tener mis espacios y aprender a dejar espacios en los demás, a escoger qué y con quién quiero compartir lo que hago, he aprendido a vivir… o lo que yo llamo vida.
Porque pensemos un poco, seis años de nuestra vida vamos a la primaria, tres los usamos en secundaria, y otros tres más en la preparatoria, y apenas estamos en “medio superior”, si nos va bien cursamos una carrera de cuatro o cinco años (aunque ahora se hagan en tres), y creemos que con esto ya la hicimos, es decir, 16 años de nuestra vida estamos sentados en un aula como mínimo (claro si lo hacemos seguido y no reprobamos o tomamos “años sabáticos”). Después creemos que comenzaremos a tener nuestro “estado laboral”, y comenzamos alegremente (claro, entre dientes) a trabajar en aquello por lo que nos “quemamos las pestañas”, pero ¿cuándo es tiempo de disfrutar la vida? ¡Ah, sí, cuando nos jubilemos! ¡Puff! Bendita forma de ver la vida, si por lo menos nos hubiesen enseñado en la escuela a tener inteligencia emocional; salud mental; visión divergente; educación financiera, etcétera, no estaríamos tan apresurados por hacer dinero, tener buenas relaciones y mantener la salud, pues esto lo haríamos sin prisa y sin miedos.
Sin embargo, no hacemos esto, nos metemos en cosas que no nos gustan, ya sea en el trabajo, con las relaciones, con la familia, etcétera, hacemos cosas que muchas veces no nos agradan, pero son, “un mal necesario”, pues “de algo debo vivir”; y olvidamos nuestros sueños y nuestras visiones, seguimos un patrón universal y posmoderno “sé alguien en la vida, ten cosas”, cuando vamos creciendo y nos damos cuenta (si logramos hacerlo claro), la vida se nos fue en cosas que no queríamos hacer, pero debíamos hacerlas, ¡bendita forma de perder la vida!, pero tenemos una alternativa. Hoy, después de tanto tiempo lo veo, ¡podemos vivir plenamente! Eso quiere decir que debes dejarte guiar por tus pulsiones (instintos le dicen coloquialmente), debes dejarte guiar por el niño interno y disfrutar la vida, hoy, aquí y ahora, porque mañana será demasiado tarde. John Lennon decía que la vida era aquello que pasa mientras nosotros planeamos, y creo que tiene razón; no quiero decir no planeemos lo que haremos, quiero decir que no nos enfrasquemos en eso, que hagamos un plan y caminemos, pero en el camino, disfrutemos del plan. No te esperes otro año más, atrévete a ser mejor para ti, deja de competir con otros y aprende a amarte y entregarte, lo demás te darás cuenta con el tiempo, que eso no es, no fue, ni será indispensable. ¡Vive! Y que sea aquí y que sea ahora.
Mientras pasa eso, camina conmigo, aprendamos uno del otro.





