
La presentación de un informe técnico alternativo que contradice la versión oficial de la Guardia Civil sobre la causa de la muerte de Julen el pasado 13 de enero en Totalán (Málaga) ha provocado una espiral de especulaciones en la opinión pública y nervios en la Benemérita.
Para conocer los hechos contrastados y los enigmas pendientes de resolución, El Mundo accedió en exclusiva al sumario completo de la operación Rabé, donde se investigan las causas del fallecimiento del niño.
La parcela maldita
David Serrano, investigado por un presunto delito de homicidio imprudente, compró la finca de Totalán de 4.439 m2 el 23 de octubre de 2018. Según el escrito notarial incorporado al sumario se trata de una “tierra de secano con olivos”.
El hombre pagó 4 mil 200 euros en efectivo, y declaró que nunca quiso hacerse una casa, sino plantar aguacates. Los agentes no creen su versión, puesto que consideran que la zanja que hizo allí en forma de L y donde se encontraba el pozo perseguía la construcción de un muro de hormigón para evitar que cayeran sobre la futura vivienda desprendimientos de la montaña, a la cual había ganado terreno.
El pozo ilegal
El dueño de la finca contrató al pocero Antonio Sánchez, alias El Periquete, para la realización de un sondeo el 17 de diciembre de 2018. El acuerdo fue verbal. Sin factura ni seguro de responsabilidad civil. De la operación sólo consta un albarán. Según las palabras del pocero a la Guardia Civil, acordó con Serrano un precio de 12 euros por metro de perforación si no se encontraba agua y, en caso de hallarla, de 27 euros. Serrano le entregó 2 mil euros y dejó sin pagar 3 mil 993.
Sánchez declaró que el pozo no tenía ningún tipo de licencia y alegó que el propietario le aseguró que tenía la documentación, aunque no se la mostró. Serrano explicó que pensaba que el pocero tenía autorización porque “era un especialista”. Según la declaración del pocero, cuando terminó de realizar la perforación del sondeo, “dejó el mismo rodeado por un montículo de arena con forma cónica procedente de la extracción de tierra del interior del pozo”.
El hombre, al no encontrar agua, sacó el tubo que empleó y la tierra que lo rodeaba entró en el agujero, que con la humedad se pudo compactar y formar el tapón de arena que imposibilitó el rescate de Julen en los primeros días. El pocero, señaló, tapó el agujero con “una piedra de 15 kilos”, un extremo que desmiente el propietario de la finca.
Los bloques de hormigón
Serrano, después del sondeo, le pidió a un amigo que le hiciera una zanja el 5 de enero donde estaba el pozo para hacer un muro de contención. El allegado retiró “con una máquina retromixta con pala, por indicación de Serrano, el montón de arena que rodeaba el pozo” y lo depositó en la misma parcela.
El amigo de Serrano reconoció ante la Guardia Civil que vio al dueño de la parcela “mover con los pies piedras para tapar la boca del pozo”. No habló de los dos bloques de hormigón que el dueño de la finca dijo haber colocado para sellar el pozo y que, según él sugiere, habría movido Julen. ¿Pudo desplazar un niño que pesaba 11 kilos dos bloques de 12,2 kilos cada uno? Los investigadores creen que no.
El padre de Julen, José Roselló, explicó ante la Benemérita que cuando llegó al pozo tras precipitarse por él, su hijo había dos “cantillos separados y en el medio quedaba el agujero de entrada al pozo”. El primer agente que se personó en el lugar de los hechos pasadas las 14:30 observó varios bloques de hormigón por la parcela “no pudiendo determinar el estado en el que se encontraba la entrada del pozo cuando se produjo la caída, por las modificaciones hechas por el padre del menor y los equipos que estaban realizando labores de localización y rescate”.
Los padres conocían el pozo
En las declaraciones del sumario, tanto los padres como el dueño de la finca afirman que eran conocedores de que en el lugar donde organizaron una paella familiar, había un pozo sin tapar. Julen se encontraba sentado a unos cinco metros del sondeo comiendo un paquete de gusanitos mientras su padre preparaba el fuego para hacer el arroz. El padre aseguró a la Guardia Civil en su declaración que fue testigo de la caída de su niño y que lo vio correr por la zanja de la parcela al lugar donde se hallaba el pozo.
“Trató de agarrarlo, si bien no llegó a tiempo, viendo a su hijo caer al interior del pozo”, relatan los agentes. La primera versión pública del progenitor y que no aparece en el sumario fue otra: que él llegó a tocar los dedos de Julen y que se destrozó las manos al intentar salvarlo. Sí que mantuvo en todas sus versiones que escuchó al niño llorar durante 30 segundos, al igual que su madre.
Roselló intentó meter un tubo de plástico para socorrerlo, pero otras personas allí presentes se lo desaconsejaron. En el sumario se incorpora una denuncia presentada por el tinerfeño Jesús Díaz Martínez ante la Fiscalía Provincial de Málaga que pide a la juez que investigue a los padres por un presunto delito de homicidio imprudente al no haber cumplido, según él, con “el deber de cuidado”, haber cambiado de versión y haber permitido que su hijo jugase a escasos metros de “un peligro mortal”.
Navaja peligrosa
Juan Antonio Guerra, uno de los tres senderistas que se acercaron al pozo al escuchar los gritos, declaró que se encontró a la madre gritando que “de ésta se mataba” porque era la “segunda vez” que perdía a un hijo. El hombre se alertó y retiró una navaja que había cercana de ella para evitar que se “autolesionase”, según se lee en el sumario. Fue él quien llamó a los servicios de emergencia. El nerviosismo inicial de los agentes que llegaron a la zona hizo que no hubiese medios preparados para comprobar si el niño estaba en el pozo.
Por ello, al Guardia Civil se le ocurrió atar su teléfono a una cuerda e introducirlo en el pozo para comprobar si el niño estaba allí. No obtuvo ningún resultado positivo.
La llamada al McDonald’s
Los bomberos y los primeros agentes que se presentaron en el lugar de los hechos dudaron de la primera versión ofrecida por los padres y familiares de Julen de que el niño estaba en el pozo. Vicky, la madre del menor, declaró que ella había dejado al pequeño al cuidado de su pareja porque tenía que hacer una llamada al McDonald’s donde trabajaba para informar de que no iba a asistir porque se “encontraba mal”. La llamada, según su testimonio aportado al sumario, fue cuando escuchó los gritos del padre de su hijo y de la novia del dueño de la finca.
Los agentes, para cerciorarse de que la mujer no mentía, interrogaron al encargado del establecimiento de comida rápida que afirmó que esa llamada sí se produjo. Este empleado les dijo que fue el responsable del turno de mañana el que la recibió. Los agentes tomaron declaración al jefe del turno de mañana, que reconoció haber recibido la llamada de Vicky, 13 minutos antes de lo que afirmó la madre de Julen. La Guardia Civil le preguntó al trabajador del McDonald’s si llegó a escuchar “algún ruido u otro sonido” y el hombre dijo que no.
La madre del menor, además, tuvo que darle a los agentes varias fotografías realizadas con su teléfono móvil a su hijo instantes antes de su caída y a una de las cuales accedió este diario. La Guardia Civil comprobó hasta “los metadatos” de las imágenes para comprobar que habían sido realizadas minutos antes de la caída del menor.





