
El Pentágono ha autorizado al Departamento de Seguridad Nacional a ensayar, para su posible despliegue en operaciones en la frontera, un arma conocida informalmente como “rayo de calor”, un artilugio que dirige un haz de ondas electromagnéticas no letales pero que causan una dolorosa sensación de quemadura cuando entran en contacto con la piel. Según la cadena de televisión CNN, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, emitió el permiso en un memorando firmado el mes pasado.
El nombre oficial del “rayo de calor” es Active Denial System o Sistema de Denegación Activa. El arma, de aspecto similar al de una antena de televisión vía satélite, se monta sobre una camioneta o un vehículo militar blindado y utiliza un girotrón —un generador de microondas de gran potencia— para emitir un haz invisible de ondas de frecuencia muy alta, de 95 gigahercios, que puede traspasar la ropa y que puede elevar la temperatura de las moléculas de agua en la superficie de la piel a 55 grados.
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Eso crea una sensación muy intensa y dolorosa de calor, similar a la de estar en un horno, y que hace que la persona atacada intente instintivamente alejarse de allí a toda prisa. Una vez cesa la exposición a las ondas, esa sensación de quemadura persiste entre 10 y 15 minutos.
El despliegue en la frontera con México del Active Denial System representaría un paso sin precedentes en los intentos de la Administración de Donald Trump de impedir el cruce de migrantes. La Patrulla Fronteriza ya había propuesto durante el primer mandato del republicano recurrir al “rayo de calor” y dirigir esa arma contra las personas que trataran de pasar la frontera de manera irregular, después de que en 2018 el presidente estadounidense exigiera “medidas extremas” contra la inmigración no autorizada. La preocupación sobre las implicaciones legales del uso estadounidense de los haces de ondas de alta frecuencia en territorio mexicano, antes de que los migrantes atravesaran la frontera, hizo —sumado al riesgo de causar quemaduras u otras lesiones— que se acabara descartando la idea.
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El Gobierno de Trump también se planteó emplearla para disolver multitudes en momentos de protestas masivas, incluidas las movilizaciones multitudinarias del movimiento Black Lives Matter tras la muerte por asfixia del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de la policía.
La solicitud del Departamento de Seguridad Nacional al Pentágono no especifica cómo o cuándo ensayaría esta arma o si llegaría a utilizarla. La CNN, que ha accedido al memorando de autorización, indica que el permiso prevé el “préstamo temporal” de un ADS durante siete meses, que comenzaron en septiembre, y especifica que “el personal del Departamento de Guerra (como Hegseth prefiere denominar al Pentágono) no operará” esa arma. Ese veto parece encaminado a eximir de responsabilidad a los militares sobre el modo en que pueda utilizarse ese sistema.
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El documento también estipula, según la cadena, que Seguridad Nacional será la única entidad responsable del “uso del sistema y desarrollo de tácticas, técnicas y procedimientos” para las pruebas y el posible despliegue. Una vez que concluyan los siete meses del préstamo, el departamento que encabeza Markwayne Mullin podrá solicitar una extensión al que lidera Hegseth.
Un portavoz de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP, por sus siglas en inglés) ha indicado a la cadena que “CBP siempre evalúa nuevas tecnologías, especialmente las que mejoran la efectividad operativa y fortalecen las capacidades para cumplir misiones”. El Pentágono ha dirigido las consultas al Departamento de Seguridad Nacional.
El Departamento de Defensa envió unidades del “rayo de calor” a Afganistán durante la guerra hace dos décadas, aunque no llegó a utilizarlas allí nunca en operaciones militares. El sistema comenzó a desarrollarse a mediados de los años noventa en laboratorios de la Fuerza Aérea, después de la batalla a tiros en Mogadiscio en la que murieron 19 soldados estadounidenses y centenares de somalíes en 1993. El objetivo era que los militares estadounidenses pudieran contar con una herramienta de control de multitudes menos letal en caso de verse rodeados por combatientes enemigos o una turba, como sus compañeros fallecidos, en un entorno urbano. El Pentágono presentó el primer prototipo en 2001.
Tras aquella presentación, William Arkin, asesor de la organización proderechos humanos Human Rights Watch, se preguntaba qué ocurriría si el arma se empleaba contra una multitud en la que hubiera niños o mujeres embarazadas y desencadenaba una estampida. “Hemos desarrollado un arma no letal que causa dolor. ¿Qué pasa si alguien sigue avanzando hacia la fuente de las ondas? ¿Qué ocurre si se desata el pánico entre la multitud como resultado?”, comentaba.
Algunos agentes de la Patrulla Fronteriza han planteado dudas, según la CNN, acerca de la necesidad de recurrir al “rayo de calor”, dada la drástica caída en el número de cruces de la frontera hacia Estados Unidos desde el regreso de Trump, que ha puesto en marcha una dura política de deportaciones masivas, a la Casa Blanca y el aumento de agentes desplegados en la zona.
Por El País





