Por: BBC Mundo
Si eres de las personas para la que ‘logaritmo’ es sólo una palabra que se te confunde con ‘algoritmo’, entonces probablemente no sabes que los logaritmos fueron inventados por el 8º barón de Merchiston, más conocido como el matemático del Renacimiento escocés John Napier.
Pero antes de que lo clasifiques bajo el rótulo de ‘personas que me atormentaron la vida escolar’, considera que su intención era simplificar. Es más, su opinión quizás hace eco de la tuya:
“No hay nada tan problemático en la práctica de las matemáticas que las largas multiplicaciones y divisiones, el cálculo de razones y la extracción de las raíces cuadradas y cúbicas que, además de ser un tedioso gasto de tiempo, se prestan a muchos errores tontos”.
Y lo mejor es que no se quedó sólo con esa observación. En la frase siguiente a ésta, que apareció en la introducción a su tratado matemático Mirifici logarithmorum canonis descriptio, dice:
“Después de pensar lo suficiente, finalmente he encontrado una regla maravillosa para hacer los procedimientos más cortos”.
Los logaritmos eran una de las formas que inventó para simplificar la tarea de las matemáticas, pues proveen una manera eficiente de hacer cálculos, particularmente porque transforman la multiplicación en suma y la división en resta.
Pero también creó aparatos, entre ellos la que algunos consideran como la primera calculadora práctica de la historia.
La calculadora de marfil
Como muchos de los inventores exitosos, su obra se deriva de una comprensión profunda del problema y una gran tenacidad para resolverlo.
De ahí surgió el ábaco de Napier o el ábaco neperiano, que en inglés se conoce como Napier’s bones, o los huesos de Napier, pues los más elegantes eran hechos de huesos o marfil.







