Zocalo
Estados Unidos.- Nacida en Colima, en el suroeste de México, la artista plástico Hedy Torres fue indocumentada durante tres años, antes de hacerse ciudadana de Estados Unidos.
Hoy día cursa estudios en la Universidad Estatal de California, en Northridge (CSUN), donde pronto obtendrá su título de maestría en arte.
Hace unos meses, sus profesores le pidieron proponer un proyecto a largo plazo. Torres miró hacia atrás.
“Quería hacer algo que no solo me beneficiará a mí, sino a toda la sociedad”, dijo la colimense. “Pensé en todas las personas indocumentadas que viven aterradas, en lo que yo viví al llegar a este país y en el actual entorno político”.
Fue así que el proyecto multimedia Eleven Million surgió, el cual destaca las experiencias de las aproximadas 11 millones de personas indocumentadas que viven en Estados Unidos, a través de dibujos en tiempo transcurrido y grabaciones de audio.
Tras aprender que muchos universitarios indocumentados estaban abandonando sus estudios en CSUN, Torres decidió dedicar su proyecto a ellos.
En los últimos meses, Torres ha entrevistado a varios estudiantes. Durante las entrevistas, ella les pidió describir sus experiencias, tanto en la universidad como afuera del recinto escolar. Entre los partícipes de Eleven Million hay escritores, sociólogos, historiadores y futuros trabajadores sociales–todos con ansias de pertenecer y contribuir.
El miedo
“Caroline”, una estudiante de teatro de 25 años, participó en Eleven Million, pero pidió permanecer en el anonimato para su entrevista con La Opinión.
Oriunda de Perú, “Caroline” y su familia emigraron desde Lima hasta el sur de California hace casi dos décadas para que ella pudiera recibir tratamiento para su espina bífida. Ultimadamente, la familia decidió permanecer en el país para que “Caroline” tuviera la atención médica que no podía acceder en su país.
Desde entonces, la vida de “Caroline” ha sido marcada por miedo, el cual se ha multiplicado desde que Donald Trump tomó protesta como presidente.
“Siento que las paredes se están juntando alrededor de mí, como que la deportación es inminente. Cada vez que veo las noticias, cada vez que veo a familias siendo separadas, pienso que esa persona podría ser yo, que cualquier día podría perderlo todo“, dijo la limeña.
Ese miedo, contó “Caroline”, se convirtió en angustia el día que vio agentes de la Patrulla Fronteriza reclutando a estudiantes en una feria de empleo en CSUN. La presencia de los agentes en su campus le hizo perder todo sentido de seguridad.
La esperanza
Mientras termina su carrera, Torres se mantiene trabajando como conductora de Uber.
En junio de 2016, le tocó recoger a dos mujeres de origen anglosajón en el aeropuerto de Los Ángeles. Venían de viaje desde Tejas.
Al subirse a su coche, las mujeres inmediatamente empezaron a hablar de política, de la necesidad de construir un muro y echar del país a los mexicanos, quienes, a su criterio, no son más que criminales y portadores de enfermedades.
“Al principio no dije nada, solo las escuché”, dijo Torres.
Pero antes de que bajaran de su auto, la colimense les informó que ella es mexicana, que no es criminal y que es estudiante de arte en CSUN.
“De repente la conversación cambió por completo”, dijo Torres. “Me preguntaron de mí, de mi arte, de lo que me inspira, de mis planes”.
Esta experiencia, dijo Torres, le da esperanza. “Para mí el arte es una plataforma para protestar de manera pacífica, de hacer que la gente vea las cosas desde otro punto de vista y, tal vez, hasta de fomentar empatía donde antes había odio irracional”.
“Pero mi arte también es para ellos, para los indocumentados que luchan, que estudian a pesar de todo lo que llevan encima. Quiero que vean que son extraordinarios y que no están solos”, enfatizó.





