Por El País
México.-Empezó tarde, disperso, con grandes carencias de estrategia y organización. Acaba estos días con un aire agridulce. El cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, enterrado un 23 de abril de 1616 en Madrid, ha vivido gran cantidad de actos pero muchos dudan de si sobrevivirá a una pregunta: ¿Ha servido de algo? El Ministerio de Educación y Cultura mandó hace dos semanas un balance. Cerca de 500 actos e iniciativas han sido organizados en todo el mundo por la comisión de la efemérides. El rey Felipe lo clausura este lunes en el Palacio Real con actuaciones, lecturas y discursos. La conclusión de algunos implicados y expertos resulta clara: mucha cantidad, menos calidad.
En el programa de la clausura están previstos una lectura del actor, director de La Abadía y académico de la RAE, José Luis Gómez y otra del poeta Antonio Colinas. También la actuación de grupos de música antigua como Zarabanda y teatrales como Ron Lalá, en un acto que estará presentado por las intérpretes Concha Velasco y Aitana Sánchez Gijón. Será escenificado bajo la supervisión de Helena Pimenta, encargada de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y retransmitido por televisión.
La iniciativa ha partido de la Casa del Rey. La preocupación del monarca acerca de la celebración ha sido constante. Más desde que, a raíz de la preparación de su viaje a Reino Unido, se diera cuenta de que los británicos sacaban mucha ventaja en las conmemoraciones en torno a William Shakespeare, de quien también se ha celebrado en 2016 el cuarto centenario de su muerte.
Allí, la primera semana de enero, el entonces primer ministro David Cameron escribió un artículo que dio la señal de salida a los actos; en España, en febrero, aún no se tenían noticias sobre Cervantes desde el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, que dirige Íñigo Méndez de Vigo. Incluso ahora, preguntados por EL PAÍS, ningún cargo del mismo ha querido ofrecer un balance más allá del recuento enviado en una nota a los medios de comunicación en la que declaran unas “cifras muy satisfactorias en cuanto a programación y asistencia de público a las actividades programadas, cerca de 500. En la nota, enviada a finales de diciembre, se aseguraba que más de dos millones de personas habían asistido a algunos de los actos celebrados.
Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, tiene su propia reflexión sobre este año Cervantes: “Hemos pecado de cierta dispersión. Al verse envueltas diferentes autonomías con entusiasmo, lo que es bueno, no creo que hayamos logrado un diseño eficaz desde el punto de vista organizativo. Por tanto, me temo que, al final, hemos cubierto los objetivos. Pero poco más”.
Según Villanueva, el acontecimiento merecía tratamiento de proyecto de Estado. La interinidad del Gobierno en funciones afectó en un principio, pero bien es cierto que la fecha estaba prevista hace mucho tiempo y, como mero balance, se salvaron sencillamente los papeles. Cuando avanzado 2016, nada se sabía de los trabajos de coordinación, el Rey transmitió a diversas instituciones su preocupación. El espejo, al mismo tiempo, del año Shakespeare, retrataba la dejadez política respecto a Cervantes en España. La Historia, en cierto sentido, se repetía. Mal tratado en vida, tolerado oficialmente en la posteridad.





