30 de abril: Cuidemos las infancias

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30 de abril: Cuidemos las infancias

Rogelio Gómez Santiago | Pro Humano

Solemos pensarnos como personas nobles,

de buenos sentimientos.

Pero cambiar el mundo exige actos concretos.

La “realidad”, esa experiencia cotidiana,

debe llevarnos a construir cuidado y protección para uno de los grandes

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tesoros de la humanidad: las infancias.

Seamos honestos: no todas las infancias son iguales.

Hay un abismo entre nacer y crecer en China o en Francia,

en el Congo o en Perú… o en México.

¿Y dentro del país?

Tampoco es lo mismo La Paz que Villahermosa,

Ciudad de México, Real de Catorce,

Mazatlán, Uruapan… o Reynosa.

Aquí todos pagamos y también aprovechamos

lo que implica vivir en la frontera con Estados Unidos.

Los niños tienen derecho a jugar y ser felices.

Algunos lo ejercen.

Pero también hay niños que viven en la espera

para ejercer ese derecho, pues están en:

La espera por su madre, su padre o ambos,

después de turnos largos en la maquila.

La espera en albergues, lejos de su país,

por haberse atrevido a migrar solos.

La espera por cruzar la frontera,

sin entender del todo hacia dónde,

con poco más que la esperanza.

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La espera en la calle, donde la infancia se va diluyendo

entre días que no deberían ser así.

La espera por oportunidades, sin tener que ser reclutados

para cuidar lo que no les corresponde.

Hay niños que crecen rápido.

No por decisión, sino por el contexto

que los empuja a dejar de serlo antes de tiempo.

Y aun así, siguen siendo niños.

El cuidado de los niños y su entorno

son ideas que deben habitar 364 días en nuestra mente,

y el día 30 de abril festejarlo.

Reynosa, ciudad de contrastes,

tan llena de oportunidades que conviven

con un riesgo permanente.

Aquí la infancia no siempre es lo que debe ser,

a veces pesa.

Y aun así, las infancias resisten.