
Los productores del sector social en el norte de Tamaulipas están vendiendo la semilla y el fertilizante que reciben del gobierno ante la imposibilidad de sembrar sus tierras, denunció Agustín Hernández Cardona.
El dirigente de la Unión Regional Agrícola del Norte (Uran) afirmó que se trata de una práctica extendida en diversos municipios, donde los beneficiarios optan por comercializar los insumos apenas los reciben.
“Tan pronto les entregan la semilla y el fertilizante, los venden. Les dan hasta dos mil pesos por cada bulto. No es por gusto, es porque no tienen condiciones para sembrar sus cinco o hasta veinte hectáreas”, explicó.
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Cuestionó que autoridades y legisladores presuman estos apoyos como una solución al campo, cuando —dijo— resultan insuficientes sin maquinaria ni capital para trabajar la tierra.
“Con la semilla y el fertilizante no basta. Les entregan 600 kilos, pero cada hectárea requiere al menos 200 kilos. Las cuentas no dan porque con eso apenas siembran tres hectáreas”, señaló.
El líder campesino también criticó lo que consideró un engaño institucional al promover la sustitución de cultivos, alentando a productores a dejar el sorgo para sembrar maíz y frijol sin garantizar condiciones de comercialización.
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“Les prometieron comprar cinco mil toneladas de maíz y apenas adquirieron mil. Con el frijol pasó lo mismo. Hay gente formada en bodegas con sus camionetas cargadas y no les compran porque no hay recursos”, acusó.
La consecuencia, advirtió, es que miles de toneladas de grano permanecen en las parcelas al resultar incosteable su cosecha, agravando la crisis productiva.
Hernández Cardona sostuvo que el campo atraviesa una situación crítica, reflejada en la baja superficie sembrada durante el ciclo Otoño-Invierno.
De las 650 mil hectáreas programadas, apenas se cultivaron poco más de 300 mil. Aunque la falta de lluvias es un factor, indicó que alrededor de 180 mil hectáreas llevan años en abandono total.
“La crisis golpea más fuerte a los pequeños productores. Los que tienen maquinaria apenas sobreviven, pero los más pobres simplemente quedan fuera. Los más jodidos son los que se van por el chorro”, lamentó.
Añadió que el deterioro no es exclusivo de Tamaulipas y citó el caso de Sinaloa, donde la producción de maíz cayó de seis millones de toneladas anuales a poco más de tres millones en el último ciclo.
Por Rogelio Rodríguez Mendoza





