Por El País
La Casa Blanca celebró este jueves su tradicional fiesta anual con motivo del Cinco de Mayo en honor de México. Pero lo hizo con un formato de perfil bajo y sin el principal anfitrión: el presidente estadounidense. En una nueva muestra de desprecio al vecino del sur, Donald Trump no acudió al evento, rompiendo con el protocolo establecido por sus predecesores George W. Bush y Barack Obama. Desde 2001, los mandatarios participaban cada año en el acto concebido como un homenaje a los estrechos lazos entre ambos países.
El anfitrión este año fue el vicepresidente Mike Pence y el evento, en la víspera del Cinco de Mayo, fue mucho más reducido que los anteriores y tuvo un clima más partidista y menos festivo. Se celebró, además, por primera vez en 16 años no en la misma Casa Blanca sino en un edificio anexo.
Pence destacó las “muchas contribuciones” de los mexicanos a Estados Unidos y recordó que Trump dijo —sin entrar en detalles en su discurso en febrero en el Congreso— que es posible una reforma migratoria “real y positiva” y que tendrá un “gran corazón”.





