Por El País
El presidente de Estados Unidos ya está en la diana. El fiscal especial Robert Mueller está investigando por posible obstrucción a la justicia al mandatario republicano. La medida, adelantada anoche por The Washington Post, implica un paso de gigante y, si se confirma el supuesto delito, puede derivar en un impeachment.
Baja la dirección del FBI, la investigación de la trama rusa se había limitado a determinar si el equipo electoral de Trump se coordinó con el Kremlin en la campaña de desprestigio lanzada contra la candidata demócrata Hillary Clinton. Pero el presidente, tal y como reconoció privadamente el anterior director del FBI, James Comey, no figuraba en las pesquisas.
Las tornas cambiaron radicalmente tras la destitución de Comey el pasado 9 de mayo. Aunque en un principio, la Casa Blanca alegó que el despido fue motivado por su errática conducta en el tortuoso asunto de los correos de Hillary Clinton, el propio Trump reconoció en una entrevista que se debió “a esa cosa rusa”. Afirmación que remachó en un encuentro en la Casa Blanca con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, en el que admitió que la destitución le “había quitado mucho peso de encima”.





