
Al menos 40 menores recibieron atención médica en hospitales de Tamaulipas durante 2025 tras sufrir agresiones en planteles educativos, revelan registros de la Secretaría de Salud federal recopilados por la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).
De estos casos, 38 correspondieron a violencia física, uno a agresión sexual y otro de tipo psicológica. La mayoría de las víctimas fueron adolescentes de entre 12 y 17 años (casi el 70%), mientras que el resto correspondió a niñas y niños de entre 6 y 11.
Aunque el número de atenciones médicas se mantuvo prácticamente sin cambios respecto a 2024, cuando se reportaron 41 casos de los tres tipos de agresión, Tamaulipas se ubicó entre las diez entidades del país con más registros de violencia física escolar que derivaron en atención hospitalaria.
A nivel nacional, en 2025 Redim documentó mil 178 atenciones hospitalarias a menores de edad por violencia física ocurrida en instituciones educativas, un incremento del 11.3% respecto al año anterior y la cifra más alta desde que comenzó este registro estadístico en 2010. Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo concentraron el mayor número de casos.
Las cifras corresponden a los casos que requirieron atención en hospitales del sistema de salud, por lo que no reflejan la totalidad de los episodios de violencia escolar registrados en el país. Redim señala que las lesiones atendidas en el ámbito nacional incluyeron contusiones, fracturas, heridas, esguinces, luxaciones y laceraciones.
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En cuanto a la violencia sexual, se reportaron en el país 223 atenciones médicas durante el año pasado y se indicó que este tipo de agresiones puede provocar secuelas físicas y emocionales de largo plazo, entre ellas ansiedad, depresión, estrés postraumático, infecciones de transmisión sexual e incluso embarazos.
En Tamaulipas se registró la atención de una adolescente por violencia sexual y de otra menor por violencia psicológica. Sobre este último tipo de agresión, Redim explica que puede manifestarse mediante cualquier conducta que afecte la dignidad, la autoestima o la estabilidad emocional de niñas, niños y adolescentes.
La estadística no detalla si los hechos sucedieron en el recreo, a la salida o en actividades escolares. Para el psicólogo Ricardo Flores, la violencia dentro de este entorno no termina cuando cesa la agresión.
Explicó que, si no existe atención especializada, las secuelas pueden acompañar a las víctimas durante años y reflejarse en el rendimiento académico, el desarrollo emocional y las relaciones interpersonales.
“La violencia en los salones de clase marca a la niñez, dejando secuelas que pueden acompañar a las personas durante años. En los casos más graves puede derivar en ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas”, señaló el especialista.
Por “Milenio”





