Talento desconocido recorre Reynosa

155

Por Isael Castillo

Oscar Enrique parece más adulto de lo que en realidad es, no rebasa los 30 pero el repertorio de la memoria musical, que sale de una potente garganta, pese la gripe, hace retumbar las paredes de los restaurantes donde canta y lo que canta, dicho sea entre paréntesis, no se escucha en cualquier lugar.

El ambiente de los restaurantes muchas veces es propicio para que cantores populares muestren sus habilidades y el gusto por la bohemia, Oscar Enrique, al calor de dos copas de anís con tequila y azúcar que le hizo suave efecto para cantar a todo pulmón en aquella conocida pescadería en la colonia Juárez, sorprendió a muchos de los presentes.

Nadie imaginaria escuchar canciones, no solo como las ya conocidas de Armando Manzanero, Juan Gabriel, Martin Urieta, de pronto se escucharon melodías de Atahualpa Yupanqui, Chabuca Granda, Milanés, un Hoy comí con el abuelo de Juan Salvador, que también canta Cabral por cierto.

De pronto, otra vez y con la guitarra, hizo que los comensales, hasta los meseros, se alegraran y bailaran al Son de la loma.

“A esto me dedico, me gusta, canto por aquí y por allá, canto lo que me piden, me gusta mucho cantar, hoy aquí y más tarde andaré por un negocio en el boulevard Hidalgo” comentaba Oscar Enrique en tanto le llegaban peticiones de canciones, no cualquier tipo de canciones, ni tan comerciales.

Si fuera la edad media, Oscar Enrique sería un juglar que canta la vida que es como es y no como queremos que sea, la vida que es como siempre ha sido y que solo cambia de tiempo, pero es siempre la misma, señala.