El reporte fue entregado el viernes al Consejo de Seguridad de la ONU después de una investigación de 13 meses, que encontró evidencias de la participación de las fuerzas del régimen del presidente sirio Bashar Al-Assad en ese ataque.
Precisó que los helicópteros implicados en el ataque podrían haber despegado de dos bases de los escuadrones 253 y 255, pero señaló que no pudo confirmar los nombres de quienes tenían el mando y el control de los helicópteros en ese momento.
Por ello, el comité de investigación recomendó “un control efectivo en las unidades militares y que los responsables rindan cuentas”.
Además del ataque en Qmenas, el comité conjunto investigó otros dos ataques, pero no logró determinar quién estaba detrás de ellos, uno en Binnis, en Idlib, en marzo de 2015; y el otro en Kafr Zita, en la provincia de Hama, en abril de 2014.
Sin embargo, Siria accedió a destruir sus armas químicas en 2013 bajo los términos de un acuerdo negociado entre Rusia y Estados Unidos, y el Consejo de Seguridad de la ONU, una resolución que estableció que si Damasco no cumple, enfrentaría sanciones o acciones militares.
El uso de cloro como arma está prohibido por la Convención de Armas Químicas de 1997, a la que se unió Siria en 2013.
Si el gas cloro es inhalado, se convierte en ácido clorhídrico en los pulmones y puede causar la muerte, porque provoca quemaduras graves y las víctimas pueden ahogarse con los fluidos corporales resultantes.





