Riesgo y tecnología

Riesgo y tecnología

Por Agencias

Del centón de esfuerzos que se han producido desde fines de la década de los 60 en los 100 m planos, al día de ayer, en medición electrónica, sólo 145 atletas cronometraron 10 segundos o menos. Como la mayoría lo sabe, el jamaicano Usain Bolt posee el récord mundial en 9.58, lo que representa una rapidez promedio de 37.578.288 kph; en el Mundial de Berlín 2009, en el segmento de 70 a 80 m, rebasó los 43 kph. El número de sprinters 10” o menos, se podría elevar, poco significativamente, si se consideran las marcas manuales; por ejemplo, los primeros 10”, en orden cronológico, los consiguieron el alemán Armin Hary, el canadiense Harry Jerome y el venezolano Horacio Esteves, que en su momento conmocionaron al universo deportivo.

El pedalista francés François Pervis señaló dos récords mundiales durante la Copa Mundial, en el velódromo de Aguascalientes 2011: en el kilómetro contrarreloj marcó 56.303 segundos y en los 200 m de velocidad scratch, prueba con velocidad lanzada, señaló 9.347 segundos, lo que representa, respectivamente, 63.939.754 kph y 77.030.063 kph.

El viernes anterior, en este espacio citamos que el inglés Neil Campbell, en un tándem de diseño especial, pedaleó a 280.55 kph y que la estadunidense Denise Müeller-Korenek, en tándem de características aerodinámicas, voló a 296.01 kph. ¡Cómo es posible desarrollar esta rapidez tan sorprendente que representa más del doble de lo que desarrollan los ciclistas profesionales en carretera en tramos de descenso?

Observe, amable lector, que con un aparato mecánico el esfuerzo muscular con las piernas —en el deporte— puede casi doblar la magnitud. Pulse lo que hizo Arquímedes con la invención de las poleas, pero eso es harina de otro costal (qué fortuna que Pistorius se haya salido del radar; cómo meneó a la ignorancia).

El leit motiv que mezcla la tecnología con el esfuerzo humano en otras coordenadas muy diferentes a las conocidas es el hechizo de la velocidad que comunica tanta emoción y asombro al espíritu. Es el tesoro del deporte, se encuentra en todas las expresiones, en el movimiento corporal, en las piernas y brazos de los competidores y gladiadores, en tierra, en agua, en aire; en la rapidez de la pelota, de la flecha; de los vehículos…

Los esfuerzos de Campbell y Müeller-Korenek son obra de la tecnología y el alto riesgo. Se fabricaron al ser tirados por un cable que une al tándem con un automóvil que, además, lleva, en la parte trasera, un cubo de plástico que crea una fuerza de succión. Aprovechan el efecto de la inercia; son como las “moscas”, ciclistas que se veían antes, con frecuencia, sujetos a los camiones, en alarde de audacia e imprudencia. Al desprenderse pedalean en la zona de succión y aumentan la rapidez que se registra electrónicamente en un espacio específico.