
CIUDAD DE MÉXICO.- Miles de personas han salido de sus países en África, Oriente Medio y Centroamérica en busca de una mejor vida, huyendo de las crisis económicas, la inseguridad y las guerras; sin embargo, al llegar a otras naciones como migrantes indocumentados son detenidos y aislados en refugios en malas condiciones, mientras los gobiernos deciden qué estatus otorgarles; en muchos casos pasan incluso un año ahí.
Hacinamiento, condiciones insalubres y escasez de alimentos y servicios médicos son algunos de los factores que han hecho de su estancia en los países receptores una crisis mayor.
Al menos 272 millones de migrantes viven fuera de sus países de origen, equivalente a 3.5% de la población global, informó el pasado miércoles la Organización Internacional para las Migraciones.
António Guterres, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, remarcó en un video posteado en su cuenta de twitter que todos los migrantes deben ser beneficiarios de las mismas protecciones a sus derechos humanos.
Este año se evidenciaron refugios en los que miles de personas sufren violencia, enfermedades infecciosas y daño sicológico.
Tal es el caso del campamento de Vucjak —a diez kilómetros de la ciudad bosnia de Bihac—, en el que viven más de mil migrantes que comparten un baño en condiciones insalubres y que viven hacinados en tiendas de campaña. Éstas son levantadas sobre el lodo y en cada una duermen hasta 20 migrantes. En el campamento no hay sanitarios suficientes y los médicos voluntarios no se dan abasto para atender a los presentes.
También está el campamento de Baobab, en Roma, donde fueron recibidas cientos de personas ilegales que duermen en el piso y que denunciaron violencia policial, bajo el régimen de Matteo Salvini. El refugio fue improvisado con lonas y cobijas para albergar a personas que llegaron desde el Mediterráneo. Aunque a finales de agosto, el ministro del Interior permitió el desembarco de 138 migrantes que quedaron varados en costas italianas, muchos acusaron malos tratos, falta de comida y medicamentos, y varios decidieron huir.
Estados Unidos no es la excepción. Desde el año pasado se reveló que el gobierno de Donald Trump, bajo su política de tolerancia cero, separó a cientos de familias. En un viejo depósito en el sur de Texas, decenas de niños esperan, separados de sus padres, en una serie de jaulas creadas con alambre, donde reciben agua, papas fritas y trozos de aluminio que funcionan como cobijas. Los menores son custodiados por el servicio de Aduanas y Protección Fronteriza. Más de 900 niños migrantes han sido separados de sus familias en la frontera sur de Estados Unidos desde que un juez ordenó a finales de 2018 que dicha práctica debía frenarse, denunció la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles, y agregó en un reporte que los menores han sido maltratados física y emocionalmente. Además, el Departamento de Salud y Servicios Humanos reveló que en los últimos cuatro años se recibieron miles de denuncias de acoso y abuso sexual a menores migrantes en albergues financiados por el gobierno estadunidense.
Al no poder ingresar a Italia por la orden de cerrar las fronteras, miles de africanos, la mayoría provenientes de Guinea, Mali y Costa de Marfil, huyeron a Bayona, Francia, donde duermen en catres y conviven en cuartos pequeños a la espera de servicios sanitarios. Aunque Jean-René Etchegaray, alcalde de Bayona,desafía las reglas del presidente Emmanuel Macron, pues decidió invertir en alimentos, respondiendo a una “cuestión humanitaria”. De acuerdo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, cada año más de 57 mil africanos huyen de sus países e intentan ingresar a Europa.
La experiencia en Grecia no es distinta. The New York Times corroboró que en el campamento de Moria unas nueve mil personas viven en condiciones precarias. El espacio está diseñado para poco más de tres mil personas. El hacinamiento es tan extremo que los solicitantes de asilo pasan hasta doce horas al día haciendo fila en espera de un alimento que a veces está enmohecido, destaca el medio estadunidense. Tan sólo en 2018, 23 mil migrantes llegaron a costas griegas; en 2015 lo hicieron 850 mil.





