
De cara a las elecciones del 2021, el presidente López Obrador tiene al PRI y al PAN donde quería: contra las cuerdas, desfallecidos, sin capacidad de respuesta, naufragando en la esquina del miedo y la zozobra.
No se les ve por ninguna parte. No se asoman por miedo a ser descabezados a la primera.
Los videos de las maletas de los millones de pesos en efectivo corriendo por el Senado durante el sexenio de Enrique Peña Nieto para el pago de sobornos fue un golpe demoledor a ambos institutos políticos. No se han recuperado del trancazo.
Grotesco, el espectáculo de colaboradores de senadores de la pasada legislatura contando fajos de dinero destinados a corromper a legisladores del PRI y del PAN resume una forma de hacer política de esos partidos, incapaces de asumir los desafíos de la modernidad.
El gancho al hígado a los dos únicos partidos con posibilidades de construir un frente de resistencia a la autocracia fue devastador. El PRI y el PAN, las únicas oposiciones con algunas posibilidades dar la batalla a Morena, no saben por dónde caminar. Ni siquiera han sido capaces de capitalizar el escándalo del video de Pío López Obrador, hermano de presidente, recibiendo también sobres de billetes.Esas imágenes vinieron a echar por tierra la narrativa moralista del mandatario. El discurso de la honestidad valiente y la “batalla” frontal contra la corrupción de la Cuarta Tranformación fueron exhibidas como lo que son: fortalezas de naipes.El mismo López Obrador admitió que los sobres de billetes recabados por su hermano se destinaron a financiar sus proyectos políticos —los proyectos del ahora mandatario—. Según el Ejecutivo, fueron “aportaciones” del pueblo.
Es decir, admitió la ilegalidad. Reconoció haber recibido cientos de miles de pesos —la opacidad nunca nos permitirá saber cuánto, seguramente fueron millones—, fuera de la ley.
Al igual que el PRI y el PAN, parte de los dinero de las campañas de López Obrador y Morena se manejaron al más puro estilo de los delincuentes: en cash.
Las imágenes no eran las de un operador político más. Eran las del mismísimo hermano del jefe del Poder Ejecutivo. Escenas reveladoras de la truculencia de los “moralistas”, los “incorruptos” de la familia presidencial.
Lo curioso es que cuando ese sucede, el PRI y el PAN prefirieron bajar la guardia y guardar silencio. Dejaron pasar la bola como si nada hubiera pasado. Todos bajo la misma carpa. Hoy por ti, mañana por mí. El silencio, dejar hacer, dejar pasar.
¿Con qué cara salen el PRI y el PAN a combatir la corrupción? En el caso del tricolor, su mismo dirigente nacional, Alejandro Moreno, tiene un expediente abierto por enriquecimiento inexplicable. Seguramente eso explica su silencio: ni una palabra sobre el caso de Pío López Obrador. Ni una sola. Disimulo a cambio de impunidad.Ese es parte del problema que vive el país: el nuevo presidencialismo se yergue no sólo en el inmenso poder concentrado en la figura del Ejecutivo. El resquebrajamiento de la oposición, su debilidad y su identificación directa con la corrupción son, quizá, la causa primera del resurgimiento de este sistema sin contrapesos.
Las erráticas formas de gobierno y de hacer política del PRI y del PAN llevaron a la mayoría de los electores a buscar nuevas opciones en el 2018. La reacción en las urnas fue proporcional al abuso de poder: el electorado casi borró al PRI del escenario nacional y al PAN lo dejó maltrecho. Los dos partidos deben asumir su responsabilidad en el rumbo tomado hoy por el país. Son corresponsable del desastre en ciernes.
Está de sobra visto: la prioridad de López Obrador es ensanchar al máximo los límites de su presidencia. Si para eso es necesario acosar a la Fiscalía General de la Nación, torcer la justicia, violentar el debido proceso o politizar el caso de Lozoya, lo va a hacer sin miramientos. El foco de su proyecto no son los desafíos de la pandemia, la falta de empleo, la crisis económica o la inseguridad, sino la política, los votos, el poder.
La nación paga el costo de los abusos y el desorden del PRI y del PAN. Mientras el poder autocrático crece en forma desmedida, tenemos una oposición de trapo, mortecina, cuyos liderazgos no están a la altura del delicado momento que atraviesa el país. La factura para México ha sido muy alta.
Galerín de Letras
La falta de figuras relevantes en la oposición es lamentable. El ex candidato presidencial del PAN a la presidencia, Ricardo Anaya, ha anunciado a través de un video en redes su retorno a la política. Así de flaca está la caballada.
Twitter: DBrondo






