Por El Informador
Los niños hiperactivos y con déficit de atención sufren “un trastorno cerebral” producto de la lentitud en el crecimiento neuronal, según un estudio internacional publicado en Holanda que pide poner fin al estigma tradicional de “mala educación” para explicar el comportamiento de esos pequeños.
“Hay una base neurobiológica que explica el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Y eso los padres deben tenerlo claro y aprender a lidiar con sus hijos”, explica Marcel Wortel, del hospital universitario de Nijmegen, en Holanda, que dirigió esta investigación.
Hay cinco puntos o regiones visibles en el cerebro que muestra una lentitud en el crecimiento neuronal en las personas con TDAH, lo que no ocurre con los que no lo sufren.
Uno de los trastornos más evidentes localizados por los científicos está en los ganglios basales, la parte del cerebro involucrada en el control de la emoción y la cognición, y que se encuentra cerca de la base del cerebro, dentro del telencéfalo.
Dos de los puntos visibles de tamaño reducido están también en la amígdala y el hipocampo.
En la amígdala radican las emociones básicas como el enfado o el miedo; es decir, la región del cerebro que desempeña la regulación de las emociones.
El papel del hipocampo está menos claro -explican los investigadores- pero “posiblemente tenga también que ver con la motivación y la regulación emocional”.
En cuanto a la medicación, el estudio demuestra que ésta suprime los síntomas, pero no tiene ningún efecto sobre el volumen cerebral de las personas con TDAH, es decir, no cura el problema original.
El TDAH se caracteriza por síntomas de falta de atención, impulsividad e hiperactividad, y lo sufren uno de cada veinte niños (menores de 18 años) en todo el mundo, y dos tercios sufren sus efectos o mantienen signos en su vida adulta.
“Este es un trastorno del cerebro al igual que lo es la depresión clínica, la esquizofrenia y el trastorno bipolar, también asociados con los volúmenes cerebrales anormales”, explica la investigadora Martine Hoogman, del centro médico de Nijmegen.





