Por El Mundo
Erdogan no necesita blindarse «porque ya es un líder fuerte». Y sin embargo impulsa un referéndum para cambiar la Constitución y otorgarse poderes extraordinarios. En Turquía no hay una caza de brujas contra periodistas, sino «contra delincuentes que apoyan el terrorismo». Pero Reporteros Sin Fronteras advierte de que el país se ha convertido en la mayor cárcel de informadores del mundo.
«Todos los autores del golpe están detenidos» menos su ‘cerebro’, el clérigo Fetullah Gulen, que vive en Estados Unidos. Aunque organizaciones de derechos humanos apuntan que la detención de 40.000 personas y la expulsión de 120.000 de su trabajo no puede haberse llevado a cabo con las suficientes garantías.
El ministro de Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, fue rechazando ayer una a una las acusaciones cocontra la deriva autoritaria tras el golpe del 15 de julio, durante un encuentro con periodistas españoles tras participar en una conferencia organizada por el Instituto Elcano en Madrid. A ella acudió también su homólogo español, Alfonso Dastis, que ofreció el apoyo de España a Turquía en la lucha antiterrorista, aunque pidió «proporcionalidad» para que ésta sea compatible con el Estado de derecho.
Cavusoglu defiende las detenciones masivas con las que el Gobierno ha purgado ejército, justicia, funcionariado y educación en busca de aliados de Gulen, «ese hombre enfermo que vive en Pensilvania y se cree el ‘Mesías’». «Hemos visto de lo que son capaces», señala, vinculando al hombre que asesinó al embajador ruso en Ankara -aunque «sin pruebas suficientes», reconoce él mismo- con FETO, la organización que dirige Gulen y a la que Ankara atribuye «una agenda oculta para apropiarse del Estado». «Nuestros colegas europeos no se han dado cuenta del peligro y nos critican», dice, acusando a los servicios secretos de varios países de colaborar con el grupo.
Un golpe “traumático”
Relata en primera persona la noche de un golpe «traumático» para su país, calificando de «mártires» a los 248 ciudadanos muertos por «demostrar su fe en la democracia turca». «Los golpistas tenían planes para aterrizar en mi propia casa», cuenta, explicando cómo se han llevado a cabo las «investigaciones» que han acabado en multitudinaria represión. «Muchos implicados se dieron a conocer el mismo día del golpe porque estaban seguros de que iban a triunfar. Luego descubrimos un programa de comunicación que utilizaban entre ellos, similar a WhatsApp, cuyos mensajes se descodificaron».
Reporteros Sin Fronteras habla en cambio de una «caza de brujas» que implica «ataques masivos a la libertad de prensa». Y pone números sobre la mesa:150 medios de comunicación cerrados, 2.300 periodistas sin empleo, retirada de carnet de prensa a 700 informadores y encarcelamiento de otros 40. «No consideramos a Reporteros Sin Fronteras como una organización objetiva», niega Cavusoglu:«No existe un solo periodista encarcelado por informar o criticar al Gobierno». Atribuye las detenciones de decenas reporteros a su «apoyo al terrorismo», por medio de «la propaganda». Y pide que «se distinga entre informadores que hacen su trabajo y aquellos involucrados en actividades ilegales»: «No se puede pedir inmunidad por ser periodista, como tampoco se puede pedir por ser político».
La libertad de información, señala, está asegurada:«No tenemos nada que ocultar». Tampoco de cara al referéndum que el próximo 16 de abril -a tenor de las declaraciones que ayer hizo el ministro de Justicia turco- debe ratificar la enmienda constitucional para convertir Turquía en una república presidencial y multiplicar los poderes del presidente Recep Tayyip Erdogan.
Los críticos del proceso alertan contra una Turquía autoritaria en manos de un solo hombre. «Amiga mía, guste o no Erdogan es una persona fuerte, un carácter fuerte y un líder fuerte», alza la voz por primera vez en la entrevista. «Ha ganado todas las elecciones en las que ha participado desde 2002, y cada vez tiene más apoyo popular. No necesita más poderes. ¿Cree que los turcos son estúpidos?»





