Por El Debate
Cuando llega el otoño, los osos polares están por todas partes en esta aldea ártica, dormitando en la arena, peleando en bajíos, paseando por la playa con sus cachorros y atrayendo a cientos de turistas que viajan largas distancias para verlos.
De noche, los osos entran al pueblo sigilosamente: es peligroso caminar sin un arma de fuego o espray para osos. Se van a regañadientes cuando la patrulla de osos polares los asusta con petardos y reflectores.
Los científicos han contado hasta 80 a la vez dentro o cerca de Kaktovik; muchos se ven saludables y rollizos, en especial a inicios del otoño, cuando su presencia coincide con la temporada ballenera de la aldea inupiat.
Pero los osos que vienen a Kaktovik son refugiados climáticos: están en tierra porque el hielo marino del que dependen para cazar focas está derritiéndose.
El Ártico se está calentando el doble de rápido que el resto del planeta y la cubierta de hielo está derritiéndose a un ritmo que incluso a los científicos climáticos que predijeron el declive les parece alarmante.
En noviembre, se registró el nivel de hielo marino ártico más bajo para ese mes. Aunque la tasa promedio de crecimiento de hielo era más rápida de lo normal para el mes, a lo largo de cinco días a mediados de noviembre la cubierta de hielo perdió más de 49.209 kilómetros cuadrados, un declive que el National Snow and Ice Data Center en Colorado llamó “casi sin precedentes” para esa época del año.





