Oposición: Limpiar la Casa

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En la Opinión de David Brondo

Mientras el PRI, el PRD y grupos de Acción Nacional exploran la posibilidad de hacer un frente opositor común para enfrentar a la Cuarta Transformación, los medios dan cuenta de la dimensión de sus corruptelas del pasado.

Las imágenes de operadores políticos del PAN y del PRI vaciando maletas con millones de pesos en efectivo en oficinas secretas y recintos del Senado para sobornar a legisladores del sexenio pasado es verdaderamente insultante.

Obviamente, esos operadores no actuaron por cuenta propia ni se mandaban solos. Actuaron bajo órdenes expresas de poderes superiores de un sistema político bajo el cual prosperó el soborno, el moche, la componenda y el chantaje.

Emilio Lozoya, ex director de Pemex y principal hilo conductor en la red de sobornos de la constructora Odebrecht, le ha puesto nombres y apellidos a esos poderes superiores: Luis Videgaray, Secretario de Hacienda, y, ni más ni menos, el presidente Enrique Peña Nieto.

Fueron ellos, según el ex director de la petrolera, quienes directamente le ordenaron utilizar más de 100 millones de pesos —en fajos de billetes, claro— para financiar la campaña del PRI en el 2012, y otros 120 millones para comprar votos de diputados y senadores a cambio de la aprobación de la reforma energética impulsada por Peña Nieto.

Odebrecht, a su vez, habría descosido los bolsillos para financiar los sobornos a cambio de contratos de obra en el sexenio. El gigante brasileño de la construcción recibió, en efecto, miles de millones de dólares en contratos con Petróleos Mexicanos.

Lozoya, por supuesto, no es el funcionario inocente y pueril, casi bobo, engatusado por sus superiores. Está muy lejos de esa imagen de doncel crédulo que vende cada vez que saca la cabeza ante la opinión pública. Deberá responder por sus actos.

De lado del PAN han saltado nombres de presuntos destinatarios de los sobornos: Ernesto Cordero, ex coordinador de la bancada albiazul en el Senado, Salvador Vega, Francisco Domínguez y Francisco García Cabeza de Vaca. Estos dos últimos son los actuales gobernadores de Querétaro y Tamaulipas.

En forma paralela a sus estrategias de acción y a sus alianzas políticas, a los partidos de oposición les urge conocer a fondo quién es quién en sus estructuras. No se pueden dar el lujo de buscar un frente amplio de oposición si antes no hacen un mea culpa explícito y proceden a limpiar la casa.

Las danzas de los moches del sexenio pasado, el caso de Odebrecht, las maletas de efectivo, la “Casa Blanca” de Peña y la residencia de Malinalco de Videgaray, entre tantas otras corruptelas, fueron el detonante del cansancio ciudadano. El hartazgo fue tal que millones optaron por el salto al vacío y votaron por el proyecto demagógico de la Cuarta Transformación.

El planteamiento de un frente común de oposición es audaz, inteligente y necesario. Urgen contrapesos reales al poder. Sin embargo, de nada sirve comenzar alianzas y proyectos estratégicos si antes el PRI, el PRD y los grupos interesados del PAN en una alianza no hacen un examen autocrítico de sus debilidades y de sus desesperantes agravios a la sociedad. Nada servirá si antes no hacen un proceso de cribado en sus filas.

Los tres principales partidos de oposición necesitan sanearse, limpiarse la cara, librarse de la suciedad de años. Basta decir que el mismo dirigente nacional del PRI actualmente es investigado por corrupción. ¿De qué sirve iniciar alianzas, impulsar proyectos comunes y llamar al cambio si los mismos de siempre, aquellos corruptores de las instituciones y la vida política siguen ahí? Los nombres de quienes han ensuciado la oposición ahí están. ¿Por qué no enfrentarlos?

En su libro Cómo Mueren las Democracias, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt subrayan la importancia de los partidos como guardianes de la democracia y los contrapesos en un sistema. Los partidos, según su tesis, no sólo deben estar representados por las mejores cartas para una sociedad, sino también deben emprender procesos de filtración y cribado para descartar a quienes representen una amenaza o un desafío para la democracia.

Cuando los partidos abdican de sus compromisos democráticos abren sus puertas, en el mejor de los casos, al ascenso y al empoderamiento de advenedizos y políticos improvisados y, en el peor, a demagogos, autócratas o corruptos.Eso sucedió históricamente con el PRI y el PAN y, más recientemente, con el PRD. El fenómeno es muy claro también en Morena, secuestrado ya, a pesar de ser un partido naciente, por tribus incondicionales al presidente López Obrador.

Construir una oposición sólida frente a la fuerza descomunal de López Obrador no será nada fácil. Requerirá tiempo, esfuerzos, inteligencia, voluntad, coraje y sacrificios. Costará sangre, pero no se trata de tener el poder por el poder ni de ganar espacios como un fin en sí mismo. Junto con las alianzas debe venir una reconstrucción de los opositores, una purga, una limpia histórica de los partidos y, si es necesario, comenzar de cero. Levitsky y Ziblatt retoman la sentencia sin desperdicio de un alcalde católico austriaco, cuyos familiares y partidarios se dividieron por sus decisiones en momentos cruciales de defensa de la democracia: “A veces hay que dejar de lado la política del poder para hacer lo correcto”.

Galerín de Letras

Un juez inquirió el miércoles a uno de los abogados de Donald Trump: “Le estoy haciendo una pregunta específica y estoy esperando una pregunta específica: ¿afirma usted que existe un fraude en relación con estas 592 papeletas en disputa”. El abogado respondió: “Hasta donde yo sé, no”. Así los argumentos del republicano.

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