Niños tras las rejas; así es la vida de los hijos de las reclusas

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Cuando acabe este día, cerca de 700 niños se habrán ido a la cama dentro de una prisión mexicana. No porque sean delincuentes, sino porque sus madres infringieron la ley. Se trata de menores que estaban con ellas al momento de ser detenidas, o que fueron procreados tras las rejas, y que hoy padecen las condiciones deplorables de las cárceles mexicanas. Son los niños invisibles del Sistema Penitenciario nacional.

Cada jornada de encierro implica para ellos estar expuestos a un clima de violencia constante. A no recibir asistencia médica, alimentación o educación. A caerse frecuentemente de las literas que les asignan e incluso a ser testigos de encuentros sexuales durante las visitas conyugales de sus madres.

Según el último estudio diagnóstico sobre este tema, realizado por la asociación civil Reinserta y el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), las evidencias gritan que la vida de cualquier menor al interior de una cárcel no es sana. Sin embargo, el hecho de estar juntos es un derecho universal que poseen las madres y ellos mismos.

De acuerdo con los hallazgos de dicha investigación, realizada en 11 centros penitenciarios femeniles a lo lago de la república, esta experiencia deja en los niños diversos estragos emocionales, psicológicos y hasta físicos, que seguramente los acompañarán toda su vida.