Ninguna región del planeta está a salvo del calor extremo

Eran las seis de la tarde del pasado 30 de junio cuando Jan Polderman, alcalde de Lytton, decretaba la evacuación. Unas horas después, el pueblo canadiense de 250 habitantes quedaba reducido a cenizas, arrasado por un terrible incendio. Situado a 260 kilómetros de Vancouver, la pequeña localidad aún se estaba recuperando de los efectos de la ola de calor provocada por el efecto cúpula térmica que ahoga el noroeste de Canadá. Las temperaturas en Lytton alcanzaron varios máximos históricos consecutivos, con registros en torno a 30 ºC por encima de las medias estacionales; el día anterior al incendio el termómetro subió hasta los 46,9 ºC, el récord absoluto para un lugar situado por encima de los 50° latitud norte.

Los científicos climáticos señalan el episodio que asola el norte del continente americano como advertencia de lo que puede llegar, una prueba de que ninguna región está a salvo del calor extremo. Por eso instan a los gobiernos a aumentar sus esfuerzos para mitigar las consecuencias de la emergencia climática y para que se preparen a afrontar este tipo de situaciones. “El cambio climático hace que eventos extremadamente raros como éste se hagan más frecuentes: estamos entrando en un territorio desconocido”, advierte Sonia Seneviratne, investigadora del Instituto de Ciencias Atmosféricas y Climáticas (ETH) de Zúrich. “Las temperaturas experimentadas en Canadá las pasadas semanas habrían batido récords en Las Vegas o en España y se alcanzarán récords de temperatura aún más altos si no conseguimos detener las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y frenar el calentamiento global”.

Seneviratne forma parte de un equipo internacional de investigadores agrupados en la red World Weather Attribution que han realizado una primera evaluación con todos los datos sobre el evento climático ocurrido en Canadá y EEUU y su posible relación con las emisiones de GEI. De acuerdo con esos científicos la aparición de una ola de calor con temperaturas máximas diarias como las que se han observado en una región tan septentrional sería “prácticamente imposible” sin el efecto de las emisiones causadas por la humanidad. Y añaden que un acontecimiento como éste, que se estima que sólo se produce una vez cada 1.000 años, puede empezar a observarse cada 5 o 10 años si el calentamiento global alcanza los 2 °C.

Además, advierten que ese escenario de + 2 °C (que con los niveles de emisión actuales se alcanzaría en la década de 2040) provocaría que una ola de calor como ésta fuese aún más cálida. Sin embargo, los propios autores subrayan que todas las predicciones son inciertas. “A día de hoy no entendemos bien los mecanismos que han llevado a estas temperaturas tan excepcionalmente altas”, añade Dim Coumou, del Instituto de Estudios Ambientales (VU Amsterdam). Ese desconocimiento podría significar que todas las previsiones sobre el cambio climático han sido demasiado conservadoras y que las consecuencias del aumento de calor global son exponenciales y no lineales. “Es posible que hayamos cruzado un umbral en el sistema climático en el que un pequeño calentamiento global adicional provoque un aumento más rápido de las temperaturas extremas”.

MÁS CALOR, MAYOR MORTALIDAD

El trabajo, que ha contado con la colaboración del Centro Climático de la Cruz Roja/Media Luna Roja, subraya la importancia de mejorar los sistemas de detección temprana de estas olas de calor, pero además apunta la necesidad de cambiar las ciudades, creando más espacios verdes. Asimismo explican que una de las claves en el aumento de la mortalidad por calor es la deshidratación, especialmente en la población más mayor que en situaciones de calor extremo no siente suficiente necesidad de beber; por eso es crítico que todo el mundo sea consciente y se asegure de que los mayores de su comunidad beben los suficiente.

Porque los riesgos inherentes al calentamiento global van más allá de lo climático. El mismo día que se presentaba este trabajo The Lancet Planetary Health publicaba un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), un centro impulsado por la Fundación La Caixa, que advierte que si no se implementan inmediatamente medidas de mitigación severas, el balance de la mortalidad asociada a las temperaturas en Europa crecerá en las próximas décadas. La investigación analiza datos de mortalidad y de temperatura registrados entre 1998 y 2012 en 16 países europeos, que llevan al equipo a concluir que más de un 7% del total de las muertes registradas en este periodo son atribuibles a las temperaturas.

EUROPA, ESPECIALMENTE AFECTADA

Usando como referencia los datos del periodo 1998-2012 el equipo ha combinado cuatro modelos climáticos para realizar proyecciones hasta finales de siglo, con tres escenarios distintos en función de las emisiones de gases de efecto invernadero. “Los datos apuntan a una estabilización e incluso un descenso de las cifras totales de mortalidad atribuible a las temperaturas en los próximos años, seguido de un incremento muy pronunciado, que podría producirse a partir de la mitad del siglo o hacia el final del mismo, en función de las emisiones de gases de efecto invernadero”, explica Èrica Martínez, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio.

Los modelos apuntan a que el descenso en las muertes atribuibles al frío no compensará el incremento cada vez mayor previsto en la mortalidad asociada al calor. “La diferencia entre los escenarios planteados está en el ritmo al que se produce el aumento de las muertes asociadas al calor”, añade la autora. Europa en particular es una de las regiones más afectadas ya que los autores señalan que el calentamiento se está produciendo a un ritmo más rápido que en cualquier otro continente. Los países del Mediterráneo se muestran especialmente vulnerables debido a un ascenso significativo de las temperaturas en los meses de verano. No en vano, de acuerdo con Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S) de la Unión Europea, junio de 2021 fue el cuarto mes de junio más cálido registrado a nivel mundial y el segundo registrado jamás en Europa.

POR EL MUNDO