
Por redacción
Gunnar era un labrador de 11 años que tenía un dueño de nombre Daniel Hove y ambos eran los mejores amigos, era tanto su amor incondicional que partieron el mismo día de este mundo.
Daniel formó parte de la Fuerza Aerea de los Estados Unidos, cuando se retiró trabajó como bombero por algunos años y adoptó a Gunner de quien se hizo rápidamente su mejor amigo.
Un día le diagnosticaron cáncer en el páncreas. Cuando Daniel comenzó con las quimioterapias, Gunner estuvo con él todo el tiempo, sin despegarse un solo momento.
Conforme pasaba el tiempo, el vínculo entre ellos fue haciéndose más grande al grado que notaban semejanzas en sus comportamientos: “Cuando mi papá se agitaba, el perro lo hacía también. Si mi papá no respondía, Gunner tampoco” comentó Nicolletti, hija de Daniel.
Mientras que la salud de Hover se deterioraba, notaron que Gunner también se ponía enfermo, resulta que el perro desarrolló una extraña enfermedad que le ocasionaba dolor e hinchazón en sus patas, hasta que esto le hizo perder la movilidad de sus extremidades.
El momento más triste fue cuando Nicolleti al ver el estado del labrador, lo llevó al veterinario quien debido al estado de salud con el que lo vio, decidió que lo mejor era dormirlo, para que no sufriera. Al regresar a casa pasó un poco más de una hora cuando Daniel también partió. Era tanto su amor, que ambos partieron el mismo día.





