Muere a los 76 años Ozzy Osbourne

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Muere a los 76 años Ozzy Osbourne

Ozzy Osbourne se salió con la suya, con el homenaje que se merecía, hace solo 17 días, el pasado 5 de julio en su ciudad, Birmingham (Inglaterra). Allí voceó sus últimos gruñidos con los compañeros de su gran banda, Black Sabbath, y con la canción bandera del cuarteto que fundó el heavy metal, Paranoid. Ese concierto, al que se presentó en un trono de murciélago, ha resultado la última presencia en público del Príncipe de las Tinieblas.

Hoy martes, su familia ha comunicado que el carismático músico ha fallecido a los 76 años: “Con una tristeza indescriptible, informamos del fallecimiento de nuestro querido Ozzy Osbourne esta mañana. Estaba con su familia, rodeado de mucho cariño. Pedimos a todos que respeten la privacidad de nuestra familia en estos momentos”. No se desveló la causa de su muerte aunque durante los últimos años había tenido muchos problemas de salud.

En realidad, Osbourne (nacido en Warwickshire, Inglaterra, en 1948) murió y resucitó en varias ocasiones. Él contaba en su apasionante biografía, Soy Ozzy, que los médicos le decían: “No entendemos cómo sigue vivo”. No fue el cantante con mejores condiciones vocales del rock duro (Rob Halford, Ronnie James Dio o Bruce Dickinson le superan), pero sí el más carismático. Por su extravagante personalidad, por sus miles de anécdotas (mordió a un murciélago que le tiraron al escenario: a ver quién supera eso), por su renovada popularidad en el reality The Osbournes y también por su reinvención en los ochenta, cuando el mundo de la música le daba por muerto, también en el plano artístico.

Quizá lo que mejor resume su frenética vida es este párrafo que escribió en su biografía extraído de una de sus muchas visitas al médico: “Una vez me atropelló un avión; bueno, casi. Y me he roto el cuello montando en quad.Durante el coma morí dos veces. También he tenido sida durante 24 horas. Y he creído tener esclerosis múltiple, pero resultó ser un temblor de Parkinson. Ah, y he tenido gonorrea unas cuentas veces. Y un par de convulsiones, como aquella vez que tomé codeína en Nueva York, o cuando me metí la droga de los violadores en Alemania”. Osbourne era así: estrambótico, payaso, excesivo. Envuelto siempre en este desfase, a Ozzy le dio tiempo a frenar y a reflexionar sobre su vida. Sufrió con sus hijos, cuando estos siguieron los perores caminos del padre. Después de una etapa especialmente mala de su hijo Jack, Ozzy le dijo: “¿Qué haces emborrachándote a todas horas, Jack? Nunca te ha faltado de nada ¿Qué te ha faltado, eh, qué te ha faltado?”. Y Jack se me quedó mirando y lee dijo: ‘Un padre”. Contaba el episodio con pena, quizá también para mirarse en un espejo que muchas veces ofreció una imagen demasiado desagradable de él.

Ozzy creció en un Birmingham sombrío e industrial, el de los años cincuenta del siglo pasado, un lugar sin futuro para un chico de clase humilde que provenía de una familia con serios problemas de salud mental. Él y sus tres compañeros de Black Sabbath describieron así Aston, la zona de Birmingham donde nació el grupo: “Si nacías allí tenías tres opciones: trabajar en una fábrica, unirte a una banda de rock o ir a la cárcel”. Ozzy pasó por los tres lugares poco después de cumplir la mayoría de edad.

Por El País