
La resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de rechazar el registro al partido México Libre es una decisión desconcertante. El pronunciamiento no augura buenos tiempos para la democracia ni el sistema nacional de partidos.
No fue, en esencia, una sentencia jurídica, sino un fallo político. Las huellas del veredicto son evidentes: la inquina presidencial contra ese partido manifestada cada día y la abierta animadversión de López Obrador y los exponentes del nuevo régimen contra sus auspiciadores: Felipe Calderón y su esposa Margarita Zavala.
La condescendencia del Trife con el Poder Ejecutivo marca el inicio de un azaroso proceso de regresión institucional. La decisión de plegarse a los caprichos del presidente echa por la borda años de lucha social para fortalecer la autonomía de las instituciones.
En materia electoral, el Trife, como se le llama coloquialmente, es, digamos, la Suprema Corte Electoral. La última palabra en esa asignatura. De ahí la relevancia de su fallo. Desde el máximo Tribunal Electoral de la Nación se atenta contra la democracia.
Se puede estar en contra o a favor del ex presidente Calderón y Margarita Zavala. De lo que no podemos estar en contra es del estado de derecho. Lo que está en juego no es la existencia de un nuevo partido, sino la legalidad y, más allá, el proceso democrático del país.
Seguramente la mayoría de los mexicanos estará en contra de la creación de más partidos. Algunos se preguntan si una mayor participación de fuerzas políticas fortalece la pluralidad y la apertura, pero esa no es la discusión en torno a México Libre. El meollo es si la denegación de su registro es legal o ilegal.
México Libre cumplió con los requisitos legales para conformar un partido, como las firmas de apoyo, la elaboración de su declaración de principios, su programa de Acción y sus Estatutos, así como las decenas de asambleas, los cientos de trámites y las notificaciones de ley.
Hacer un partido no es fácil. Es un trabajo político, legal y financiero agotador: requiere esfuerzo, tiempo, recursos, movilización y logística. Entre otros muchas otras formalidades, también hay que informar al INE puntualmente sobre el origen y destino de sus recursos, celebrar una asamblea nacional constitutiva y elaborar un padrón de afiliados.
Todas las exigencias las cumplió México Libre. Sin embargo, el INE en primera instancia, y después del Trife, decidieron no otorgarle el registro porque el 7 por ciento de los recursos para financiar su proceso de constitución provino de 50 aportaciones realizadas a través de Clip, una aplicación que sólo ofrece la información de los últimos cuatro dígitos de una tarjeta bancaria. Para el Tribunal, recurrir a esta app y no saber con exactitud el origen de un millón de pesos —de 15 millones 179 mil— recibidos en aportaciones bastó para denegar el registro.
No hay ninguna prueba de que fueran contribuciones ilícitas o que provinieran de instituciones prohibidas. Tanto el INE como el Trife simplemente apelaron a un criterio de supuesta transparencia para darle el machetazo a la organización.
De esta manera, el Tribunal privilegió el criterio de las supuestas aportaciones ilegales y poco transparentes, un argumento inverosímil, frente a la participación de 263 mil ciudadanos que apoyaron el proyecto de México Libre.
En una interpretación amplia de la ley, el Trife debió haber favorecido la participación, la pluralidad y el ascenso de nuevas opciones políticas. Pero prefirió un formulismo técnico para cancelar en definitiva el registro. Inapelable, su sentencia ni siquiera ofreció la opción de revisar las irregularidades o de reponer el proceso de constitución del partido.
A nadie escapa que Calderón es considerado el enemigo número uno de la Cuarta Transformación. En un juego poco digno para el presidente, López Obrador aplaudió en su momento el dictamen del INE y consideró la denegación del registro de México Libre como “justicia divina”, “un triunfo del pueblo”.
A partir de ahí se marcó una línea de trabajo para el Tribunal.El rechazo a México Libre vino acompañada con la aprobación del registro a partidos aliados a López Obrador, como Fuerza Social por México y Redes Sociales Progresistas, así como de la ratificación del registro del PES. ¿Curioso, no?
Estos compañeros de viaje de AMLO cometieron irregularidades mayúsculas en sus procesos de constitución, como afiliaciones gremiales, aportaciones indebidas, reparto de dádivas y, en el caso del PES, la participación de 15 ministros de culto en sus asambleas. No obstante, el Trife no tuvo empacho en validarles su registro a todos. ¿Cómo disociar una cosa con la otra?
En el caso del PES ni siquiera la violación al Estado laico y a la constitución fue un argumento para los magistrados.
Cuando un partido no responde a los intereses de la sociedad, la misma ciudadanía los castiga en las urnas. No sobreviven en un régimen abierto, democrático y plural regido por el estado de derecho. Es una cuestión de competencia electoral. Pero aquí no deciden los votantes, sino los magistrados al servicio del Ejecutivo.
México Libre era la única opción que pretendía constituirse en un partido de oposición. No lo dejaron prosperar: le arrancaron de cuajo las raíces. El futuro político del país preocupa: no hay oportunidad alguna para quienes no comulguen con la nueva mayoría.
En “Cómo Mueren las Democracias”, Levitsky y Ziblatt señalan que las “quiebras democráticas” ya no las provocan los militares, las revoluciones violentas ni los golpes de Estado. Provienen de políticos elegidos en las urnas que, una vez en el poder, intimidan a la prensa, cambian las reglas del juego, presionan a otros Poderes y debilitan las defensas institucionales de la democracia, incluidos los tribunales y los organismos independientes.
Las dictaduras flagrantes prácticamente han desaparecido del panorama. Ahora, dicen los autores, las democracias se erosionan lentamente, poco a poco, en pasos apenas apreciables.
Galerín de Letras
Alfonso Durazo renunció el miércoles a la Secretaria de Seguridad. Los lugares comunes privaron en su discurso hasta el final. Éstas son dos frases de su despedida: “Cualquiera que sea mi sucesor estoy seguro de que será una decisión atinada del presidente” y “He decidido atender el llamado de la militancia de Sonora para buscar la gubernatura”. El presidente no se equivoca nunca y Sonora exige a gritos mi postulación. Faltaba más.
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