Por Notimex
Ese mismo año figuró la cinta “Los tres mosqueteros” (1942), de Miguel M. Delgado, protagonizada por Mario Moreno “Cantinflas”. Se alzó con la Mejor Fotografía también para Gabriel Figueroa.
Durante las dos ediciones siguientes no hubo noticias del Séptimo Arte mexicano en Cannes, sino hasta 1949 a través de “Pueblerina” (1948), de Emilio “El Indio” Fernández, que con la actuación estelar de Columba Domínguez mereció el Premio a la Partitura Musical.
Según los críticos de la época, se trataba de la mejor propuesta que “El Indio” había presentado a lo largo de su carrera y en la que Antonio Díaz Conde fue el autor de canciones como “Chiquita”, “Dos arbolitos”, “Tú, sólo tú” y “La paloma”, entre otras.
Para 1951, “Los olvidados” (1950), de Luis Buñuel, sobresalió con el premio al Mejor Director. El cineasta español retrata la fatalidad del destino entre lo absurdo e irracional de la vida misma. Este trabajo lo colocó de nuevo en la mira internacional.
“Doña Diabla”, de Tito Davidson, con María Félix a la cabeza del reparto, se incluyó en la quinta edición de Cannes, pero no mereció ningún reconocimiento, como tampoco “Subida al cielo”, de Luis Buñuel en 1952.
Ese mismo año participó “La ausente”, de Julio Bracho, con Andrea Palma, Rosita Quintana y Arturo de Córdova, pero se fue con las manos vacías.
En la siguiente edición, Roberto Gavaldón logró colocar “Las tres perfectas casadas”. Aunque la belleza de Miroslava impactó a la audiencia, la producción no consiguió nada tras la competencia, pero Emilio “El Indio” Fernández sí con “La red”, al obtener el Premio Internacional a la Mejor Película plasmada a través de la imagen.
Fue un periodo prolífico para el cine de México, porque Buñuel (nacido en España pero naturalizado mexicano) de nuevo se coló en la competencia a través de “Él”, que fue rodada durante tres semanas. En sus memorias, el director escribió que fue su cinta favorita.
Cabe resaltar que 1954 fue otro buen año al registrar “Memorias de un mexicano”, de Carmen Toscano de Moreno; “El niño y la niebla”, de Roberto Gavaldón, y “El mártir del calvario”, de Miguel Morayta.
Ninguna consiguió reconocimiento, pero esta última ha sido catalogada como la mejor en México por su temática religiosa. En las actuaciones sobresalen Enrique Rambal y Manolo Fábregas.
“Raíces”, de Benito Alazraki, resaltó en 1955, así como “Talpa”, de Alfredo B. Crevenna, y “La escondida”, de Roberto Gavaldón en la siguiente competencia. En este filme, María Félix llamó la atención por su belleza, mientras que Pedro Armendáriz como imagen clara del macho mexicano.
Para 1959, Luis Buñuel volvió a colocarse en la mira mediante “Nazarín”, que obtuvo el Premio Internacional. Narra el caso del padre “Nazario” a principios del siglo XX durante el gobierno de Porfirio Díaz. Expresa lo que el Evangelio dice que fue Jesús: un hombre libre, comprometido, misericordioso y cercano a la gente.
“La cucaracha”, de Ismael Rodríguez, también se involucró en la lista de ese año, aunque sin beneficios, lo mismo que “The young one/La joven”, en 1960, y también dirigida por Luis Buñuel. Fue una coproducción entre Estados Unidos y México.
Después de haber sido visto en Cannes tan sólo como actor de reparto, Ignacio López Tarso figuró en 1960 como estelar a través de “Macario”, de Roberto Gavaldón, y con imagen de Gabriel Figueroa.





