Magistrado Billetes

En los medios se le conoce desde finales del 2019 como el “Magistrado Billetes” o simplemente como “Billetes”. 
En las redes su hashtag es recurrente. De manera periódica su etiqueta salta en las guerras y discusiones de Twitter: #magistradobilletes. 

Es un hombre conocido, aunque no necesariamente popular. Su nombre real es José Luis Vargas y es, ni más ni menos, que el presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el Trife.

El remoquete no es elegante. Glamuroso mucho menos. Tampoco alude a una riqueza de prosapia ni a una opulencia de linaje, de esas que sobran más de lo que quisiéramos en nuestro país. El apodo responde a irregularidades financieras del magistrado ventiladas en el 2019 y que derivaron en una denuncia penal presentada ante la Fiscalía General de la República por la Unidad de Inteligencia Financiera el 21 de febrero del 2020. 

En su acusación, la UIF sostiene que Vargas gasto entre el 2013 y el 2018 un 218 por ciento más de sus ingresos declarados. El titular de la Unidad de Inteligencia, Santiago Nieto, solicitó desde entonces el congelamiento de cinco cuentas bancarias de “Billetes” por la sospecha de haber recibido recursos de procedencia ilícita.

Según la investigación de la UIF —ahora en manos de la Fiscalía General— Vargas recibió en esos años millones de pesos en efectivo de empresas privadas y de personas no identificadas. Los depósitos fueron hechos a sus cuentas bancarias 

El año pasado, los medios documentaron las anomalías tanto en las cuentas personales como en los ingresos del magistrado. “Entre 2013 y 2017”, reveló el periódico Reforma, “cuadriplicó sus ingresos; además es el juzgador que más viajes ha realizado tanto en México como en el extranjero con cargo al erario. Incluso viajes personales a una propiedad familiar que tiene en Florida fueron pagados con dinero de los mexicanos”.

Entre las irregularidades que se le investigan a Vargas están 56 depósitos en efectivo de una empresa del ramo energético, filial del corporativo ENI, unan firma italiana investigada, según la Fiscalía General, por actos de corrupción en Argelia.

¿El monto de esos depósitos? Un millón 244 mil pesos. De ese total, 455 mil pesos fueron depositados en las cuentas de “Billetes”, cuando ya era magistrado electoral.

Otra irregularidad detectada: en el 2017 Vargas declaró ingresos por 7.2 millones de pesos, cuando un magistrado de la Sala Superior podría alcanzar percepciones anuales brutas por sólo 4.4 millones de pesos, con las prestaciones incluidas.
¿Quién pompó?, diría la raza.

Una vez que esas irregularidades fueron exhibidas era de esperarse, por decoro, la separación voluntaria del magistrado, pero no fue así. Nunca se dio por aludido: al día de hoy sigue siendo el presidente del Tribunal.

Vargas, cuyas filias han ido del PAN a Morena pasando por el PRI, no parece tener dilemas éticos: siempre está con el poder en turno. Si en su momento apoyó a priistas y panistas, ahora es un incondicional de la Cuarta Transformación.

Tras la denuncia de la UIF el año pasado, “Billetes” quedó vulnerable ante el gobierno de López Obrador. Debe ser imposible emitir resoluciones contra la voluntad del presidente y su partido cuando se tiene una soga al cuello.

Para el régimen de la Cuarta Transformación, a su vez, debe ser un paraíso electoral tener a Vargas enquistado como presidente del Trife. Su estancia ahí parece un pacto no escrito. Quid pro cuo: “Algo por algo” y “Hoy por ti, mañana por mí”.

Quizá por eso en octubre pasado el voto de Vargas fue decisivo para negarle el registro a México Libre, el partido de Felipe Calderón y Margarita Zavala. Por ello también, quizá, aprobó el registro de Fuerza Social por México, del PES y de Redes Sociales Progresistas, aliados hoy de Morena. 

Durante los procesos de Coahuila e Hidalgo, el año pasado Vargas rechazó tres ocasiones el fallo del INE que le ordenaba al presidente López Obrador no trasmitir íntegramente sus conferencias matutinas en esos estados para no incidir en las elecciones. 

No es extraño pensar, en este marco, que esa lealtad del “Magistrado Billetes” pudiera ser la causa de que no se conozcan avances en las investigaciones contra Vargas. Seguramente para la Cuarta Transformación es mejor tenerlo contra la pared que en una barandilla del ministerio público. En el Tribunal es más útil.

No en balde, “Billetes” fue el único magistrado que el martes pasado apoyó con su voto la postulación de Félix Salgado Macedonio como candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero y que, junto con la magistrada Mónica Soto, también apoyó la candidatura de Raúl Morón en Michoacán.

Su voto, por fortuna, no bastó. El Trife decidió de manera contundente tumbar para siempre las candidaturas del impresentable Salgado Macedonio —acusado de violación y acoso sexual— y de Morón por no presentar, como ordena la ley, los informes de gastos e ingresos de sus precampañas.

En la misma jornada del martes, el Trife canceló también, en una muestra de autonomía, la posibilidad de que un partido tenga una sobrerrepresentación del ocho por ciento en la Cámara de Diputados. Así lo establece la ley.

La cancelación de la candidatura de Salgado y el establecimiento de criterios para evitar la sobrerrepresentación son una buena noticia; son una ráfaga de aire fresco en una atmósfera viciada por el autoritarismo y la sinrazón de una nueva clase gobernante obsesionada en socavar a los organismos autónomos, la prensa libre, la oposición y hasta la Corte.

La integridad de las resoluciones del INE y del Trife ofrecen un halo de esperanza. Ni los consejeros del INE ni los magistrados del Trife se doblaron ante las presiones del poder. Hay que celebrarlo: se demostró que si se puede dar la batalla al presidencialismo rampante.

Salvador García Soto celebrada ayer en El Universal la independencia del Trife: “Hay Tribunal”, escribió. Que así sea: que los autoritarios, los Salgado Macedonio, los corruptos, los cómplices de la autocracia y los “Magistrados Billetes” se vayan quedando solos. 

Galerín de Letras

Ante la incontinencia verbal de López Obrador, el Consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer, propuso que los reporteros no le pregunten al mandatario nada sobre elecciones para no romper la veda electoral. “Hay que taparles la boca a los reporteros”, dijo. Pidió disculpas después. Su expresión, sin embargo, revela el talante autoritario de la 4T y una verdad que por sabida se calla: el presidente no sabe guardar silencio, gobierna desde una vocería. Mejor taparles la boca a los reporteros.

Twitter: DBrondo