En la Opinión de David Brondo

En plena era del Mee too, López Obrador y Morena se aferran a llevar a Félix Salgado Macedonio, un político impresentable acusado de abusos sexuales, a la gubernatura de Guerrero por una razón: es una apuesta segura en las urnas. 

La máxima del maquiavelismo es la última palabra de la Cuarta Transformación: “El fin justifica los medios”.

Nadie podría asegurar hasta ahora que el político guerrerense es un violador, un abusador sexual. No hay un fallo judicial ni una sentencia de tribunal alguno capaz de confirmar o desmentir esa suposición. Sí existen, en cambio, acusaciones públicas y denuncias penales por actos que presuponen conductas criminales.

Hay también testimonios sólidos sobre las redes de protección tendidas desde el primer círculo de poder para dejar impune a Salgado. Xavier Olea Peláez, ex Fiscal de Guerrero, ha revelado, por ejemplo, que en marzo de 2018 él personalmente integró una acusación penal contra el morenista por presuntamente violar y agredir a una mujer.

¿Qué sucedió entonces? El Gobernador Héctor Astudillo ordenó frenar una orden de aprehensión. A Salgado Macedonio, uno de los paradigmas políticos de López Obrador, no se le toca ni con la página de un expediente.

La mera sospecha debería llevar al partido más poderoso de México y al presidente no sólo a mantenerlo al margen de cualquier protagonismo político, sino a ver la manera de someterlo al imperio de la ley.

Ni los reclamos generalizados de los colectivos feministas, ni las demandas de una sociedad agraviada con una ola de feminicidios, abusos sexuales y una impunidad casi total de los crímenes contra las mujeres han valido para frenar la postulación de Salgado.

Hoy Morena baja de manera temporal a su “caballo negro” de la candidatura y se inventa un proceso para revisar los perfiles de sus prospectos a la gubernatura de Guerrero y ganar tiempo. Una maroma tras otra para ver la forma de justificar el lanzamiento de su gallo al ruedo electoral.

A la Cuarta Transformación no le interesan la democracia, la justicia, ni los derechos de las mujeres. Le preocupa ganar elecciones, así sea en una lucha en lodo con el más sucio y corrompido de sus los gladiadores.

En su obstinado simplismo, López Obrador se convierte en el abogado de Salgado Macedonio y reduce las acusaciones a la “politiquería” electoral. “Es muy lamentable”, dice, “que el movimiento feminista sea utilizado con otros fines ¿de cuándo acá el conservadurismo simpatiza con el movimiento feminista? Podría yo decir que es lo opuesto, pero no quiero seguir tratando el asunto”.

Para él, los grupos y colectivos de los derechos de las mujeres son una masa homogénea, amorfa, dócil, manipulable, antojadiza, incapaz de pensar y construir conclusiones propias. El feminismo como veleta ideológica y política.

La cabezonería del presidente no da para más. A López Obrador no le gustar pensar, razonar o discernir nada, absolutamente nada, más allá de “su” realidad. No tolera las contradicciones ni que se ponga en duda su palabra. El quisiera que todo fuera falso o verdadero. El mundo en blanco y negro. Bueno o malo. O apoyas mi posición o te están manipulando. Juega a todo o nada: o estás conmigo o estás contra mí.

La postulación de Salgado es una delicada afrenta a la sociedad y muy particularmente a las mujeres. Su candidatura revela el desprecio a las luchas femeninas por parte un partido y un gobierno que lo mismo cierran las estancias infantiles y eliminan los apoyos para combatir el cáncer de mama, que minimizan los feminicidios y las acusaciones de abusos sexuales.

El papel de Morena como espantajo de higuera del presidente da pena. La coyuntura revela su fragilidad frente al autoritarismo de Palacio Nacional. El partido no puede tomar decisiones propias y, por lo mismo, juega a conciliar, a concertar, a realizar encuestas de popularidad. Sus dirigentes son incapaces de poner un freno a las obtusas pretensiones de López Obrador. 

Ignorar los derechos de las minorías, desdeñar los reclamos generalizados de sensibilidad y apoyar a los violentos son cosas graves en una sociedad que aspira a llamarse democrática.

Si eso que se autoproclama Cuarta Transformación —presidente, gabinete, legisladores, políticos, dirigentes y simpatizantes de Morena— permite que Salgado Macedonio llegue a la candidatura, el precio para el país será desastroso. Morena romperá las reglas del juego democrático, institucionalizará el desprecio a las mujeres y negará la legitimidad de las demandas de los movimientos femeninos.

La necedad de un sólo hombre pone en peligro la convivencia política y social. Y Morena le sigue el juego. Nada peor para un país que un necio con iniciativa. 

Galerín de Letras

El analista Ángel Verdugo anunció ayer su salida del programa radiofónico conducido por Pascal Beltrán del Río en Grupo Imagen. Ha sido un fuerte crítico del presidente López Obrador y del actual régimen. Se va cuando más voces críticas se requieren y en la víspera de la elección más comprometida. ¿Vale la pena quebrarse la cabeza analizando las causas?

Twitter: DBrondo

Macedonio y la Necedad