Los gatos rivalizan en empatía e inteligencia social con los perros, según la ciencia

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Los gatos rivalizan en empatía e inteligencia social con los perros, según la ciencia

Por Agencias

Los científicos están confirmando lo que muchos amantes de los gatos hace tiempo que sostienen: que estos felinos pueden ser tan inteligentes y sociables como los perros. O, como mínimo, que superan las mismas pruebas de inteligencia social que estos, y que si durante tiempo se ha pensado que eran distantes e indómitos es porque prácticamente no habían estudiado su mente, porque los investigadores no creían que los gatos pudieran colaborar en los experimentos.

De hecho, hace quince años los investigadores en comportamiento animal ya habían publicado más de dos docenas de artículos sobre la cognición social canina y ninguno sobre los felinos, a cuya inteligencia y modo de interacción con las personas los científicos sólo han comenzado a prestar atención en tiempos muy recientes.

Los gatos reconocen la intención de los humanos y pasan la prueba de dirigirse al objeto que se les señala
Los gatos reconocen la intención de los humanos y pasan la prueba de dirigirse al objeto que se les señala (spooh / Getty Images/iStockphoto)

Una de las últimas demostraciones sobre la inteligencia social de los gatos ha corrido a cargo de Kristyn Vitale, investigadora sobre comportamiento y cognición animal en la Universidad Estatal de Oregón, que ha evidenciado que reconocen la intención de los humanos y son capaces de superar la prueba del apunte humano, es decir, de identificar y dirigirse al objeto que una persona les señala.

Puede parecer una trivialidad, pero entender qué nos quiere decir una persona cuando nos señala algo se considera un test claro de inteligencia social. Los niños pequeños pasan esta prueba con facilidad, porque detectar las intenciones de los demás se vuelve algo esencial a medida que aprenden a interactuar con las personas de su entorno. Y en 1998 el antropólogo Brian Hare y el etólogo cognitivo Ádam Miklósi mostraron –en dos estudios independientes– que losperros también la superan. En cambio, otros animales, incluidos los chimpancés, fallan en el experimento.

Y durante años se creyó que los gatos tampoco eran capaces de compartir las ondas cerebrales humanas e interpretar nuestras señales. Sin embargo, Vitale ha demostrado cómo basta con que ella apunte su dedo hacia un cuenco para que Carl, el gato de su experimento, se dirija directamente hacia él.