Por El Mundo
Son estudiantes y profesionales. Cerca de 90 personas forman parte del equipo sanitario del municipio caraqueño de Baruta, donde se ha instalado un puesto de emergencia improvisado que atiende a los manifestantes que resultan heridos durante las protestas de la oposición venezolana. “Hemos estado aquí todos los días de las marchas”, explica a ELMUNDO.es Ricardo Castro, estudiante del último año de Medicina.
En los últimos 40 días se han dedicado a atender a los heridos de las manifestaciones contra el Gobierno de Nicolás Maduro. En casi todas las marchas, las fuerzas de seguridad del Estado han reprimido a los manifestantes entre las urbanizaciones de Bello Monte y El Rosal, por lo que los heridos usualmente llegan a este municipio o a la jurisdicción contigua: Chacao.
Como la señora que se torció un pie cuando las fuerzas de seguridad del Estado comenzaron a reprimir a los manifestantes, en una nueva marcha frustrada que hizo la oposición este lunes. “Estoy escapada de mi hijo”, respondió la mujer, cuando después de atenderla le preguntaron si había algún familiar que pudiera acompañarla de regreso a casa. “Me voy caminando hasta El Paraíso”, acotó, poco antes de retirarse a su vivienda, ubicada a unos nueve kilómetros del lugar. Casi dos horas le tomaría llegar a pie desde la urbanización Las Mercedes, donde se encontraba, hasta ahí. Antes de que lo lograra, muchos heridos llegarían a este punto de Baruta para ser atendidos por el personal de salud.
Otro de los lesionados del lunes fue un joven que se había caído de una moto y tenía un traumatismo en la rodilla izquierda. No había terminado de sentarse en las sillas de plástico debajo del toldo verde, en la plaza Alfredo Sadel, cuando llegó otra ambulancia con el tercer herido. “Ya empezó”, dijo uno de los médicos, mientras se apresuraba a atenderlo. El joven bajó de la ambulancia caminando, con un escudo en su brazo izquierdo. El derecho lo traía inmovilizado con un improvisado cabestrillo: el impacto de una bomba lacrimógena se lo había fracturado.
Apenas apoyó el escudo en el suelo, ya estaba ahí el cuarto herido de los que el equipo atendió el lunes: una cara que, a pesar de estar arrugada por los gestos de dolor, resultó conocida para quienes desde hace más de un mes están en este lugar. “Es paciente fijo de aquí. Viene dos y tres veces al día cuando hay marcha”, dijo un paramédico. Al joven lo llevaron inconsciente en moto: estaba ahogado por los gases lacrimógenos. Lo sentaron en otra de las sillas de plástico, le lavaron la cara con agua, le soplaron varias veces la nariz, le echaron unas gotas en los ojos, lo hicieron tomar y escupir agua, y le pidieron que se quedara descansando. Cumplió todas las instrucciones menos la última. Volvió a la manifestación. Como él, otros.





