“Las mujeres pueden salvar a Siria”

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Por Notimex

Ciudad del Vaticano.- “Las mujeres pueden hacer mucho por cambiar los corazones en Siria y romper el círculo vicioso de la violencia”, aseguró Shadan, una joven refugiada siria que contó su historia este día en un encuentro sobre el poder transformador femenino en el Vaticano.

En entrevista con Notimex, la muchacha, de poco más de 25 años, relató la odisea de ella y su hermana, quienes hasta 2015 ayudaron a niños sirios de entre 6 y 12 años a lidiar con la violencia hasta que debieron abandonar el país.

Ella fue una de las participantes en un encuentro convocado por la organización Voices of faith bajo el lema “Moviendo las aguas. Haciendo posible lo imposible” y que tuvo lugar este Día Internacional de las Mujeres en la Casina Pío IV, sede de la Academia Pontificia para las Ciencias, ubicada en el corazón del Vaticano.

Su apellido y su edad exacta se mantuvieron en reserva, para garantizar su seguridad y la de su hermana gemela Nagham. Originarias de Homs, la tercera población siria, cuando comenzó el conflicto decidieron mudarse a Damasco y después a Mashta al-Helu.

Desde 2011, en medio del sanguinario conflicto sirio, Shadan comenzó a colaborar en un centro para niños montado por el Servicio Jesuita de Refugiados, una organización de ayuda humanitaria vinculada con la orden de la Compañía de Jesús.

“Con películas y juegos les ayudábamos a reconocer sus sentimientos, para expresar su ira y su enojo, hacerles entender lo importante que es vivir en paz con uno mismo, primero, y con los otros, después”, relató.

“Era muy difícil, la situación era muy dura y los niños lo percibían, a veces los padres eran secuestrados o asesinados frente a ellos, entonces llegaban a negar sus sentimientos, decían que no sentían nada o que era normal vivir cotidianamente con ira”, agregó.

Tanto cristianos, como musulmanes, eran recibidos en el centro, donde no se hablaba de religión explícitamente y, más bien, se buscaba generar un ambiente de paz y convivencia donde poder “olvidarse” de la guerra por unos momentos.

Cuando se mudaron a Mashta al-Helu, al noreste del país, la familia de Shadan y Nagham pensaban estar a salvo, pero allí mismo presenciaron el asesinato a sangre fría de dos mujeres “sólo porque eran de otra religión”. Entonces decidieron huir.

Así iniciaron un viaje “duro y peligroso”, como ellas mismas lo describieron. Incluso para atravesar de Turquía a Grecia abordaron barcos robados y afrontaron cuatro horas en el mar. “Fue el momento más terrorífico de toda mi vida”, explicó Shadan.

Finalmente lograron establecerse como refugiadas en la localidad belga de Gand. Sus historias fueron compartidas en el Vaticano en el panel denominado “La paz es la habilidad de ser tu mismo. Una conversación con dos hermanas que sobrevivieron a la guerra y al desplazamiento”.