Por El País
Europa se tienta los ropajes y prefiere emboscarse en una especie de distancia irónica ante las provocaciones de un Donald Trump que no termina de sosegarse pese a su inminente entrada en la Casa Blanca. Ante las bravatas contra Alemania y la UE, la Comisión (el brazo ejecutivo de la Unión) tiró este lunes de socarronería: “Hemos leído con interés las entrevistas”, se limitó a responder un portavoz a preguntas de los periodistas. No hubo ni una palabra más alta que otra en Bruselas. Ni siquiera entre los ministros de Exteriores, que siguen con una mezcla de estupor e inquietud todo lo que llega del otro lado del Atlántico.
“Otros países se irán de la UE [tras los pasos de Reino Unido]”, vaticina Trump, que lejos de moderarse ha envenenado sus embestidas contra Alemania, la Unión y la OTAN. Frente a esas provocaciones, Bruselas pretende elegir con sumo cuidado el momento de pasar a la ofensiva, según las fuentes consultadas. La idea de las instituciones es reaccionar solo una vez que Trump haya tomado posesión este viernes, y siempre que siga usando el mismo tono de plaga de úlceras.
“Si es necesario, Europa también puede poner presión sobre las empresas norteamericanas. Pero no vamos a ir tan lejos. Nada funciona globalmente sin el comercio y la cooperación transatlántica, y el presidente electo sabe bien que necesita asociarse con Europa y que las empresas norteamericanas necesitan el mercado europeo”, señala el líder del PP europeo en la Eurocámara, Manfred Weber. Si la agresividad verbal del nuevo presidente se traduce en hechos, Europa también puede aprovechar la situación para ganar espacio entre los agraviados. “Sería más fácil para Europa buscar nuevos socios”, añade Weber.
La Unión, en el fondo, sigue confiando en que el magnate estadounidense modere su actitud tras la toma de posesión. A menos de 100 horas de esa ceremonia, ocurre más o menos lo contrario. Bruselas no sale de su asombro, pero conserva ese perfil bajo en parte por estrategia, en parte por necesidad: en varios países hay opciones políticas con mensajes similares al que encarna Trump, y tras su victoria electoral ya se convocó un consejo de Exteriores con urgencia que solo sirvió para dejar patentes las diferencias en el seno de la UE a escasos meses de los comicios en Holanda (con Geert Wilders fuerte), en Francia (con Marine Le Pen muy fuerte) y en Alemania (con el eurófobo AfD cada vez más fuerte).
El nacionalismo económico y el proteccionismo son dos corrientes subterráneas que acaban apareciendo en todas las crisis. El FMI avisó este lunes de que teme una guerra comercial. Llega tarde: los primeros escarceos ya están ahí, con una peligrosa escalada de declaraciones en la que Europa trata a duras penas de quedarse al margen. Entre el perfil bajo de la canciller Angela Merkel y el tono duro que emplearon su ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, y el vicecanciller Sigmar Gabriel, Bruselas se alineó con el pez grande: Merkel y el citado perfil bajo. El ministro francés de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, apeló a la “unidad europea”.
Su homólogo español, Alfonso Dastis, confía en que Trump “cambie su escepticismo” para con Europa una vez ocupe el sillón presidencial. “Una cosa es opinar y otra hacer política”, afirma la Alta Representante para la Política Exterior, Federica Mogherini. Solo el mensaje del presidente electo de EEUU sobre la OTAN (“está obsoleta”) provocó algo más de inquietud en público. El secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, se mostró “confiado” en que EE UU “siga comprometido con la OTAN”, pero los ministros de Exteriores, reunidos en Bruselas, no escondieron la intranquilidad que provocan los mensajes de Trump hacia la Alianza y hacia el presidente ruso, Vladímir Putin. El mensaje de Trump es calcado al de Le Pen en una entrevista reciente en Foreign Affairs. Tanto, que los diplomáticos tienen ya el miedo en el cuerpo: “El mensaje del trumpismo coincide al 100% con el del lepenismo: Trumpo está en campaña a favor de Le Pen”.





