
Los exploradores y aventureros se la pasan buscando nuevos lugares para conquistar, en vista de que las cumbres más altas ya han sido escaladas, los polos alcanzados y los vastos océanos y desiertos cruzados.
Algunos de estos nuevos lugares se llaman polos de inaccesibilidad. Dos de ellos son particularmente interesantes.
Uno, conocido como el polo continental de inaccesibilidad, es el lugar de la Tierra más apartado del océano.
Su posición exacta es debatida, pero muchos consideran que se encuentra cerca de la llamada Puerta de Zungaria, un puerto de montaña fronterizo entre China y Asia Central.
El punto equivalente en el océano, es decir el sitio más apartado de tierra alguna, se ubica en el Pacífico Sur, a unos 2.700 km de las Islas Pitcairn, un territorio de nadie entre Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica.
Este polo oceánico de inaccesibilidad no es solamente de interés para los exploradores. Los operadores de satélites también están atraídos.
Se debe a que la mayoría de los satélites que orbitan en torno a la Tierra finalmente caerán pero, ¿a dónde?
Los satélites más pequeños satélites se quemarán en la atmósfera, pero trozos de los más grandes sobrevivirán hasta alcanzar la superficie terrestre.
Para evitar que se estrellen contra zonas pobladas son guiados para caer cerca del polo oceánico de inaccesibilidad.
Esparcido sobre un área de unos 1.500 km² en el lecho del océano que comprende esta región yace una tumba de satélites. La última vez que se contaron había más de 260, la mayoría rusos.
Los restos de la estación espacial MIR también se encuentran allí. La estación que la Unión Soviética lanzó en 1986 fue visitada por muchas tripulaciones de cosmonautas y astronautas internacionales.
Con su masa de 120 toneladas, nunca iba a desintegrarse por completo en la atmósfera, así que fue dirigida hacia la región en 2001 y su descenso fue visto por pescadores como una fragmentada masa de basura incandescente atravesando el cielo velozmente.
Muchas veces al año, el módulo de abastecimiento que viaja hasta la Estación Espacial Internacional se quema en esta región, incinerando el desperdicio que lleva de la estación.
No peligra la vida de nadie en este tipo de reingreso controlado en nuestra atmósfera. En la región no se pesca porque las corrientes oceánicas no pasan por ahí y, como no hay un flujo de nutrientes, la vida marina es escasa.
Pero algunas veces no es posible dirigir la caída de un satélite o estación espacial hacia el Pacífico Sur si los controladores en tierra han perdido el contacto.
Algo así ocurrió con la estación rusa de 36 toneladas Salyut 7, en 1991, que cayó sobre Sudamérica, o la estadunidense Skylab, que impactó en Australia en 1979.
Nadie en tierra resultó herido ni, hasta donde se sepa, lo ha sido por algún pedazo de basura espacial cayendo.





