Columna Rutinas y quimeras

El paisaje intermedio es una categoría generada en la academia, dentro de los ámbitos de estudios urbanísticos, es un término de  reciente cuño; surge de la preocupación por resolver espacios que no pertenecen ni a lo rural ni a lo urbano.

Están compuestos por esas zonas periféricas de las ciudades que la mayoría de las veces no cuentan con una urbanización efectiva, completa y funcional, pero tampoco es un espacio eminentemente rural ya que tiene dinámicas urbanas como trasporte, servicios, comercio urbano y sus habitantes gravitan en campos laborales citadinos aunque sus formas de vida son un tanto rurales y un tanto urbanas. 

Tomás Neu señala que: “El paisaje intermedio es, por tanto, un espacio en transición, expectante entre ese paso de lo vacío, hacia lo útil; de lo fragmentado, a ser parte funcional de la expansión y del devenir urbano”.

Son entonces en el plano urbano espacios de transición donde no es ni una cosa ni la otra, carecen de identidad definida, espacios vacíos, en ocasiones en medio de todo pero que no son nada.

Neu también propone que el paisaje intermedio puede considerarse como ese espacio existente entre el patrimonio cultural y natural, como transición que cobra formas diversas y pueden ser eslabones entre lo reconocido y no reconocido por la sociedad. 

“El paisaje intermedio podría definirse como las áreas fragmentadas urbano-rurales, zonas de periferia interurbanas en proceso de consolidación, que se van conurbando de manera planificada o informal. Podrían identificarse también como zonas intraurbanas, “bolsas” libres dentro de la ciudad misma, deterioradas por la desvalorización inmobiliaria, o abandonadas –como las antiguas áreas industriales o ferroviarias–, o los intersticios residuales. Estos espacios poseen características diferentes, tanto desde sus particularidades físicas y espaciales, como económicas; obedecen a opciones de desarrollo y a propuestas de consolidación, renovación o redesarrollo urbano.”

Tomando estas descripciones como referencia se puede observar que en Ciudad Victoria existen muchas zonas intermedias, con un desarrollo urbano importante pero a la vez con diversos espacios rurales como el río San Marcos cuya vegetación encierra un ecosistema que resulta ajeno a la compleja urbanización de la ciudad, siendo además un paisaje natural y un paisaje cultural que cruza toda la traza urbana engalanándola con árboles, animales y actividades humanas cotidianas que hace de éste el protagonista de una ciudad que, de tanto verle, lo invisibiliza.

Así, el río San Marcos sólo es un botón de muestra en la vasta riqueza de paisaje intermedio con el que contamos quienes vivimos en la capital tamaulipeca.

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