Columna Rutinas y quimeras

Suena extraño que en tiempos de confinamiento se hable de vacaciones. Resulta confuso pensar cómo se puede vacacionar en tiempos de pandemia y es que el concepto está ligado en nuestra época con viajar y hacer turismo. 

Como muchas otras cosas que la cultura romana nos heredó, el concepto de vacación que significa estar vacante u ocioso, los romanos lo utilizaban para otorgar a los esclavos un día de libertad al año que generalmente se fijaba en el mes de abril y posteriormente se extendió entre los campesinos y labradores para dejarlos vacantes de obligaciones judiciales los meses de julio y agosto, que eran de mayor calor y les permitía permanecer en el campo guareciéndose del clima de verano, en lugar de asistir a los tribunales en Roma si eran requeridos. También muchos miembros de la clase alta utilizaban este tiempo para retirarse a sus fincas campestres y descansar de sus obligaciones que el imperio les demandaba.

Aunque viajeros ha habido en todas las épocas, el viajar por placer es una práctica adquirida por las aristocracias europeas posteriores al Renacimiento, ya en la época moderna, se desplazaban a fincas campestres para convivir, cazar o conectarse con la naturaleza.

El viajar por placer se empieza a popularizar en el siglo XIX gracias al ferrocarril que será por mucho tiempo el transporte de élites y clases bajas, donde también se come y se duerme.

Aunque las luchas obreras lograron entre los derechos laborales la jornada de ocho horas y el día de descanso, las vacaciones pagadas fueron en el siglo XX el gran triunfo de la clase trabajadora.

Algunos estudiosos opinan que para evitar el ocio de los trabajadores se inventó el turismo (y más puntualmente el turismo de masas) manteniendo ocupada a la mayor parte de las personas que están vacantes o gozan de un descanso. 

El juego consiste en asumir que el tener vacaciones obliga a viajar, hacer turismo, mantenerse ocupados en cosas que no son de corte laboral pero que además representen para el consumo, ganancia. Así la pregunta obligada cuando se acerca un periodo vacacional es ¿a dónde vamos a ir? Como si el viajar fuera la acción consecuente y lógica de quien está de vacaciones.

Tal vez por eso, para muchos resulta inconcebible quedarse en casa (aún en pandemia) en lugar de viajar para hacer turismo de playa o cultural; cuando hemos comprado el discurso que las vacaciones se hicieron para viajar, se convierte en una necesidad hacerlo, más allá de cualquier riesgo. Además alimenta la autoestima y proyecta éxito en las redes sociales, aunque el riesgo latente de contagio de covid esté ahí.

Puede resultar irracional e incomprensible que muchos abarroten en esta época los centros turísticos, pero hacerlo es una práctica de moda donde se asume que tener vacaciones obliga a viajar para hacer turismo.

E-mail: claragsaenz@gmail.com 

La obligación de viajar