La mujer sin cabeza de Nuevo Laredo que agrede automovilistas

Una de las leyendas de Tamaulipas relata una historia que sucedió en Nuevo Laredo, hace muchos años, cuando era un pueblito tranquilo iluminado bajo la luz de la luna.

Cuentan los abuelitos que en una ocasión un hombre llegó de visita a ver a su amigo y compadre y como era de esperarse se comieron una carnita asada y unas cervezas.

Durante la amena charla donde narraban sus odiseas, el neolaredense le comentó que cada vez cobraba más fuerza la aparición de una mujer en la carretera. Por lo que la gente evitaba pasar por la zona, a lo que el visitante soltó la carcajada.

“¡A qué compadre, siempre con sus ocurrencias!, esas cosas las cuentan por todos lados, pero son puras habladas”, exclamó el visitante.

“Es cierto, cuentan que hace años encontraron el cuerpo de una mujer que murió en condiciones extrañas y desde entonces dicen que se aparece en el lugar, sobre la carretera”, dijo el neolaredense.

El visitante soltó otra carcajada, pues él no creía en esas cosas, a lo que respondió: “¡eso es para espantar a los niños!”. Así que no le tomó importancia y siguieron tomando su cerveza y contando anécdotas, sueños y aspiraciones.

Así les anocheció, por lo que no le quedó más que despedirse, sin embargo el amigo hizo patente la hospitalidad tamaulipeca y lo invitó a que se quedara en casa.

Le insistió a que se quedará en su casa y le volvió a advertir de las apariciones pero él le dijo que ya estaba curado de espanto, “¿qué puede pasar?”, preguntó.

Así que se subió a su auto, lo encendió e inició la marcha a su hogar pasando y precisamente por la zona de apariciones, de repente en el camino le fallaron las luces, solo por la luna llena tenía visión.

Por lo que intentó dar la vuelta y regresar, pero el carro se paró y frente a él vio a una mujer, de tez pálida y sin cabeza, por lo que salió corriendo del auto.

Sin embargo, sintió el embate, un fuerte golpe lo aventó al piso, aún no se recuperaba y sintió el segundo y alcanzó a agarrar lo que le pareció un cuerno, por lo que supuso que era un animal y perdió el conocimiento.

Cuando volvió en sí, abrió los ojos, miró a la derecha y a la izquierda y pensó en lo que había vivido sin saber si fue verdad o fue mentira.

Reconoció el lugar, estaba en su casa con grandes marcas de arañazos, mientras su esposa platicaba con una vecina que esperaba el arribo del doctor.

Al partir se acercó a su esposo y este le preguntó “¿Qué paso?” y ella le respondió: “te trajeron conocidos del compadre, te encontraron inconsciente sobre la carretera a un lado del coche”.

El hombre la miró y le dijo: “¡no lo vas a creer! se paró el carro, me topé con una mujer sin cabeza, quise huir y algo me golpeó, no sé qué fue, ya no recuerdo más!”.

A lo que ella respondió con una sonrisa, y le dijo: “¡te embriagaste y no sabes ni cómo!”, dijo mientras se retiraba a la cocina para traerle un vaso con agua.

Las heridas que sufrió en los brazos, abdomen y piernas no se borraron de su cuerpo, le quedaron marcadas para siempre y de aquel incidente solo quedó en su memoria, se lo comentó en su oportunidad a su compadre, quien le respondió: “¡te lo advertí!”.

Por Milenio