Viktor Frankl escribió un libro llamado: “El hombre en busca de sentido” que relata vivencias personales, y la historia de un campo de concentración vivida desde adentro. 

Hoy salió la frase y el recuerdo del libro, por una conversación en mensajes con una mujer especial para mi vida, cuando me envió una serie de preguntas que sin lugar a dudas puedo asumir con responsabilidad que la mayoría de nosotras (y me refiero específicamente a nosotras porque desde mi visión femenina y de mujer, es que escribo lo siguiente) hemos hecho a nuestra vida en algún momento. ¿Cómo por dónde está el caminito de mi vida para poder aprender de mí? O si la requieres formulada. ¿Cuál es la llama o misión de mi vida que me haga plena? ¿Cuál es y en donde está el tema/punto/trama de mi vida que me ata? 

A lo que mi mente y corazón sólo formuló otra ¿Por qué carajos, debemos tener una misión en la vida? 

Realmente eso de misión en la vida se escucha muy lindo, es bello decirlo, sobre todo buscarla y mas “encontrarla” pero a mis casi 31 años, puedo decir, que eso de las misiones en la vida, llamas, caminos, etc., para nosotras, están ya brevemente construidos, por desgracia o gracia nuestra. 

Ayer cenando con un gran amigo, le platicaba sobre mis cuatro sobrinas, sus ocurrencias, sus gestos, conjeturas infantiles, y con toda esa felicidad que me embarga cuando hablo de ellas. Entre la charla, salió mi feminismo, mi forma de ver la trinidad, y frases como “asumir a veces es el principio del error” y tengo mucho por escribir de una noche tan nutritiva con un MUNDO de sabiduría y paz, pues así puedo concretar ese tipo de veladas. Pero volviendo al título de esta columna, llego a mis sobrinas, a mí, y a miles de mujeres que vivimos llenas de preguntas sobre, lo que somos, lo que fuimos y lo que queríamos y queremos ser, ¿Dónde quedaron esas niñas que construyen sueños de lugar inexistentes?. 

Por desgracia (o quizá gracia para algunas) el camino para nosotras como mujeres está predestinado, marcado, o si no, estamos casi obligadas a consumar lo que los cuentos, historias, o novelas de amor nos plantean para una vida. 

A veces, creo que entre más libertad se nos permite, nosotras mismas nos vamos a un extremo lleno de cadenas, es decir, quiero inconscientemente seguir un camino, tener una misión, saber cómo vivir. La mujer en busca de sentido, ¿Qué sentir? ¿Qué vivir? Y no quiero decir que está mal tener un sentido, o dos sentidos, o tres o cuatro, pero ¿Por qué detenerme tanto a buscarle un sentido a mi vida? Yo lo hago, sí, pero ¿Por qué? Y si realmente encontramos ese “sentido” de vida, ¿realmente es nuestro? O ¿somos lo que la sociedad ha construido, y lo que hemos aprendido de un sistema patriarcal? Pues por mucho que nos cueste reconocer, seguimos buscando derrocar un sistema que tiene siglos, y que tal vez falten décadas, o siglos para derrocarlo. Por eso escribo a la mujer en el presente, sé que mis sobrinas cuando crezcan, tendrán otras visiones, otras perspectivas, será un mundo distinto en el que yo no sé si voy a figurar, pero hoy, nosotras, las que vivimos esta realidad pandémica, y desde visiones distintas, son a las que escribo.

Desde la construcción del amor romántico, y otros mitos, hasta la libertad que me ha dado el feminismo, tumbo hojas, y después ando buscando Resistol cinco mil para pegarlas en el diario de mi vida, porque resulta que realmente no quería arrancar ese sentido, sólo en ese momento no me servía; ¿parir hijos, o parir ideas? ¿Casarte o cazarte? O la que me aventaron este mes ¿para que quieres una matriz sino la vas a usar? (ojalá pudiera agregar emojis a mis columnas para que se den una idea de las expresiones que pongo con preguntas tan estúpidas, pero agréguele usted la que más le guste). 

Ahora que estoy por comenzar las transmisiones en mi página de Facebook Té de Mujer, y que mi fin es invitar a puras mujeres, porque mi fin o la misión de mi pagina es explorar diferentes caminos para las mujeres, me siento con tanta responsabilidad por equivocarme en lo que pueda o no pueda decir, saber que esta por comenzar mi taller de “sanando mi ciclo menstrual” y toparme con el miedo de la responsabilidad y disciplina; vuelvo a caer en ese juego de “la misión que tengo”. Y me detengo a pensar, en lo que les he escrito más arriba.  Estamos tan acostumbradas a seguir el patrón de “estar incondicionalmente” que nos olvidamos de nosotras mismas. No deseo escribir desde las vísceras, pero también creo que escribir desde las emociones más intensas y las pasiones más arraigadas, es donde una se conoce y se escucha, es decir, donde no hay murmullos, donde las preguntas que surgen sólo tendrán respuestas pasionales que después podemos racionalizar. 

Creo, que construir un camino, debería ser paso a paso, sin tener un sentido fijo, como cuando haces un collage, de todo y nada, hasta que nos guste, sin necesidad de congruencia, de tener que pintar sin salirse de la línea, si hoy es rojo, mañana puede ser azul, hasta que digamos, ok, sí, este es mi sentido, o no, no quiero un sentido. Tal vez pueda ser un arma de dos filos, pero sé que tenemos la capacidad de manejarlo, simplemente por la elegancia de ser felices, vaya, si somos responsables con los resultados que vayamos a obtener, no tenemos porque tener una propuesta. 

Hoy mismo siento escribir sin sentido, tal vez en el próximo escrito traeré propuestas dignas para unas y malditas para otras, pero sé que en ocasiones podemos no querer tener razones, y sólo tomarte unas vacaciones emocionales, decir ¡basta! A ser vista como incondicional, o como trofeo, o como nada o como todo. De lo que hoy somos, ¿Cuánto somos por ser nosotras mismas? 

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Les mando un abrazo lleno de sueños bellos, incluso, aunque en esta realidad no tengan sentido. 

¡Hasta la próxima!

La mujer en busca de sentido