
Japón está a punto de poner en marcha su plan para verter al mar el agua tratada procedente de la central de Fukushima doce años después de que se produjera la catástrofe nuclear de 2011. La liberación de estas aguas, que ahora apremia ante la falta de capacidad de almacenamiento en los tanques de la planta, ha suscitado la polémica a nivel nacional y regional desde que así lo anunciara el Gobierno en abril de 2021.
Desde Tokio insisten en que la reconstrucción es fundamental para la central, un proceso que pasa por adquirir más espacio en los tanques, especialmente ante la preocupación de algunos expertos que temen que estos colapsen en caso de que se produzca un nuevo desastre natural.
Para la purificación y el tratamiento de este agua antes de su liberación al mar, Japón la somete al llamado Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos (ALPS), que permite eliminar las sustancias radiactivas en su práctica totalidad, a excepción del tritio –un isótopo natural del hidrógeno–, de forma que esté diluida y los niveles de radiación cumplan con los estándares internacionales.
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El ALPS, precisamente, es un sistema de bombeo y filtración que utiliza una serie de reacciones químicas para eliminar decenas de radionucleidos del agua contaminada, si bien no es capaz de eliminar el tritio del agua contaminada.
Sin embargo, las autoridades niponas insisten en la seguridad de estos residuos nucleares y aseguran que este tipo de vertidos no son nuevos. “Para nosotros la seguridad es la máxima prioridad. Si no se cumpliera con estas normas, los japoneses serían los primeros en sufrir las consecuencias. Nuestro Gobierno jamás tomaría una decisión que pusiera en peligro la vida y salud de los ciudadanos. El compromiso es firme”, han indicado fuentes del Gobierno japonés en declaraciones a Europa Press.
Así, han aclarado que esta descarga es “segura” dado que el agua “está suficientemente purificada y diluida”. “Cumple con los reglamentos de seguridad respecto a la concentración radiactiva. La concentración de materiales radiactivos está muy por debajo de la normativa y la descarga en el mar cumple con los estándares internacionales”, han insistido antes de recordar, además, que otros países como China y Corea del Sur “también vierten este tipo de agua tratada de acuerdo con el Derecho Internacional”.
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La mayoría de las centrales nucleares de todo el mundo descargan de forma periódica agua tratada que contiene concentraciones de bajo nivel de tritio y otros radionucleidos como parte de sus operaciones, incluidas dos centrales nucleares españolas, según estos datos.
En esta línea se ha expresado el Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), que creó un grupo específico para realizar labores de seguimiento y revisión para garantizar la seguridad de la liberación del agua. “Es la autoridad internacional en temas nucleares y la organización idónea para analizar esto”, apuntan las citadas fuentes, que han sostenido que “el grupo está formado por expertos de numerosos países y renombre internacional”.
Tokio se encuentra, de hecho, a la espera de recibir el visto bueno definitivo del OIEA para poner en marcha el proceso, previsto para este verano, a pesar de las críticas de algunos países de la región y del sector pesquero, que ha mostrado su preocupación ante la posibilidad de que la reputación de sus productos se vea afectada.





