Hipersexualidad y sus peligros

Aunque la hipersexualidad no es considerada formalmente una adicción, sí está clasificada como un desorden de salud mental según la Clasificación Mundial de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según los manuales de psiquiatría, su padecimiento se denomina “comportamiento sexual compulsivo por trastorno de hipersexualidad”.

La prevalencia de que alguien padezca hipersexualidad está entre el 5 y 15 por ciento de la población mundial, nos dijo Gabriela Orozco Calderón, especialista de la Facultad de Psicología de la UNAM.

La hipersexualidad, dice, se caracteriza en función de la frecuencia y la intensidad de las fantasías sexuales; las reacciones del cuerpo y la cantidad del ansia o deseo.

Las reacciones sexuales de un adicto, van escalando conforme pasa el tiempo. Inician con una intensidad baja hasta llegar a límites extremos; sin embargo, cada vez son menos placenteras.

Por eso los hipersexuales generan una tolerancia al placer, al igual que ocurre con otras drogas. Cada vez necesitan más para sentir lo mismo.

Y aunque el consumo llega a ser más intenso y fuera de lo normal, ellos creen que todavía tienen el control de las situaciones.

Muchos adictos al sexo han manifestado sentirse mal antes y después de realizar las actividades sexuales que, a momentos, los satisfacen.

Para los especialistas, los orígenes de la hipersexualidad están relacionados con el objetivo de reducir estados emocionales negativos como la ansiedad, la vergüenza y depresión.

Así funciona el cerebro de un adicto al sexo

El cerebro humano tiene zonas encargadas de procesar distintas funciones del pensamiento como el aprendizaje, la memoria, la toma de decisiones, las emociones y la activación del deseo sexual.

También tiene mecanismos que impulsan a las personas a cumplir un objetivo, llamado “motivación” en la psiquiatría.

Pero en el cerebro de los hipersexuales, dice Orozco Calderón, existen deterioros en varios de los sistemas funcionales que regulan su pensamiento.

Sus cerebros, dice, suelen manifestarse de forma similar al de los drogadictos.

La dopamina, sustancia química cerebral relacionada con el comportamiento y el placer como recompensa, muestra en ellos una “hiperfuncionalidad”, mientras que la mayoría presenta menores índices de serotonina, neurotransmisor relacionado con el control de las emociones y el estado de ánimo.

Es decir: quienes tienen una adicción al sexo, podrían tener una cantidad de dopamina en el cerebro mayor a los niveles que tiene una persona “normal”.

Quienes tienen una adicción al sexo también podrían presentar otro tipo de trastornos mentales tales como la depresión, ansiedad, manías, hiperactividad, trastorno de déficit de atención, trastorno obsesivo compulsivo y trastornos paranoides.

POR AGENCIAS