Por Mario Treviño
Homenaje en vida a este promotor cultural.
En el Festival Arriba Tamaulipas de reciente clausura se llevó a cabo un homenaje a Caín Valdéz un promotor de cultural, el primero que conocí hace casi 30 años, un señor muy propio y gran conversador, como maestro me enseñó a concentrarme, no daba lugar a extravíos. De grandes alianzas o temibles aversiones, de amplia sonrisa y de gusto por la coacola como él dice, gran anfitrión y amante de la cocina, como buen arquitecto de su propio destino se labró una carrera con su trabajo como facilitador de las artes, como animador a que realices tu sueño, a ser TU, en este momento, sin esperar un trato especial solo SER. En el sur de la entidad su opinión cuenta e invita a la reflexión. Caín Habla de la materia pero lo traiciona el espíritu, se entrega a una pieza, montaje, instalación, performance, restauración, colección, hasta dotarla de su identidad, De ese período de vida en donde está, que tal vez no sea aquí ni ahora aparece nuevamente con su sonrisa. Amigo de las musas hoy muso de las masas, evolucionó y descargó otra vez más la nueva versión de la juventud. lleva tantas en ese cuerpo y mucho cariño sudado por la obra de todos, por entrenarnos en ese campo de concentración que se llama juventud, por llevarte al límite de la disciplina, por todo lo que te da y te quita, porque a veces te sentías bien haciendo mal pero Caín dijo qué caso tiene hacerlo si sabes que a nadie hará bien.
Pasado un buen tiempo, cierta mañana desperté y me dirigía a hacer la promoción de un programa de lectura con tema del día del maestro, las preguntas que me gustaban de la entrevista eran ¿quién era el personaje que había motivado mis ánimos para que me dedicara a promover la lectura, cómo conocí la poesía y cuando participé en mi primer espectáculo sobre literatura? En las tres respuestas estaba Caín y era el año de 1988, el libro Para los que en altamar aún velan de Gloria Gómez Guzmán Lo recordé de inmediato, ahora soy el hombre que quiero ser, me dedico a lo que me gusta hacer, trabajo en lo que quiero y cada vez más me parezco a mi maestro. Cuando apoyo a un joven valor, cuando oriento a un grupo, cuando creo un programa yo sé que las enseñanzas del gran maestro están conmigo, son las herramientas de las cuales estoy dotado y debo usarlas para el bien de los demás, como él que me enseñó a integrar a los más nuevos, a brindar un espacio para exponer sus trabajos, por todo lo bueno que has hecho en mí Maestro Caín, me sumo a las voces que reconocen tu vida y obra, felicidades y ten la tranquilidad de que tu obra no se queda en un primer aliento. Larga vida a Caín Valdéz Loya.





