Hambre y promesas rotas un año después de las elecciones en República Centroafricana

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Por El Mundo

No es de extrañar que en el último Informe Mundial de la Felicidad publicado por la ONU a principios de marzo, del top five de los países menos felices del planeta, cuatro sean africanos. De la valoración realizada por el Desarrollo de Soluciones de Redes Sostenible (SDSN por sus siglas en inglés) sobre 155 países, el último puesto lo ocupa la República Centroafricana.

El país, que ya había padecido los horrores de la guerra civil, sufre una grave crisis desde que en 2013 una facción rebelde de ideología musulmana, la alianza Seleka, protagonizó un golpe de estado que obligó al entonces presidente François Bozizé a huir. Para contrarrestar su poder surgieron los grupos armados anti-balaka, de ideología cristiana y animista. Ambos bandos permanecen enfrentados desde entonces, y ambos han sido acusados de haber cometido terribles abusos contra la población desde violaciones, uso de niños soldados, asesinatos y desplazamientos a zonas controladas por Naciones Unidas. Con la mediación de la ONU y Francia se consiguió derrocar al gobierno Seleka y se procedió a un gobierno de transición el 20 de enero de 2014 encabezado por Catherine Samba-Panza hasta que pudiera darse un escenario posible para celebrar elecciones.

Faustin Archange Touadera tomaba el relevo de Samba-Panza tal día como hoy hace un año. Sobre él recaía la misión de trazar una nueva hoja de ruta que pusiera fin a años de violencia, además de velar por la seguridad de una población exhausta. Sin embargo, tras este primer año de mandato poco se ha conseguido. “Se corre el riesgo de descarrilar por el incumplimiento de las promesas hechas a millones de centroafricanos que siguen padeciendo hambre y violencia. Los esfuerzos del presidente no lograrán acabar con el sufrimiento de la población si no se concretan en el tiempo y si no hay un apoyo real de la comunidad internacional”, ha declarado Ferran Puig, Director de Oxfam en República Centroafricana, en un comunicado difundido hoy.

Desde el pasado mes de octubre se puede apreciar cómo la violencia y la inseguridad han vuelto a tomar las riendas en algunas regiones del país suponiendo aún más desplazamientos forzosos que impiden a los centroafricanos explotar sus cultivos para el autoconsumo. Aunque se han logrado algunos avances para la protección de la población, “el 60% del territorio sigue en manos de los grupos armados”. Los enfrentamientos entre las nuevas coaliciones establecidas entre los diversos grupos insurgentes han provocado más de 100.000 nuevos desplazamientos, según los informes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA). Con ellos ya son más de 400.000 los desplazados internos, uno de cada cinco habitantes.