Columna Camina Conmigo

El 17 de marzo del 2020 sucedió algo increíble, las escuelas cerraron, al principio fue algo como ¡guau! Mira lo que está pasando en el país; mira lo que el Covid está haciendo; muchos decían: Regresaremos en unos meses; otros decían, es por contingencia, pero será rápido, regresamos en agosto, y no, llevamos un año y si somos realistas esto no parará en 2021, y posiblemente hasta mediados del 2022 se abrirán las aulas de nuevo.

En este proceso de tiempo, muchos maestros y maestras han muerto, precisamente por Covid, porque seguimos siendo una nación de infantes, y no hablo de niños y niñas, porque ser niño/a es genial, hablo de infantes, personas que no nos hacemos responsables y hacemos berrinches sin sentido.

Al principio escuchaba, el gobierno nos quiere engañar con esto del Covid, no es cierto, aunque en todo el mundo estaba pasando esto, la negación por el duelo de la pérdida de la libertad, y aunque lo he dicho desde que inició este problema, los pobres son los que más pagan la tarifa.

Hace un año las cosas cambiaron, muchos de los sueños de muchas personas se murieron y ellas también. Y es tan triste, porque, aunque el Covid me ha enseñado un sinfín de cosas, a otros y otras les ha traído pesadillas.

Hace un año, muchas personas tuvieron que cerrar sus negocios porque el Covid los obligó a hacerlos, los que son emprendedores buscaron la forma de seguir haciendo dinero de otras maneras, pero otros/as más se desesperaron porque el “pinche gobierno”, les quitó sus empleos, cuando en realidad no fue así, era este virus que nos trae de cabeza a todos y todas.

Hoy hace un año descubrimos que muchos no saben estar con ellos/as mismos/as; que no se soportan; que no se entienden; que prefieren llenar sus tiempos con actividades para no tener un momento de encuentro con uno/a mismo/a; que no querían tener hijos/as; que no se querían casar realmente; que no se conocen, y no se soportan, etcétera, el Covid, nos enseñó que las personas somos tan frágiles y que no nos cuidamos en muchas de las medidas para ser mejores seres humanos/as.

Estamos viviendo el apocalipsis y sí, ¡nos vale madre! Algo tan simple como lavarnos las manos y saber que no lo hacíamos, porque efectivamente, ¡nos vale un carajo!

Hace un año, no sabíamos que éramos creativos, o se nos olvidó que lo éramos. Nos olvidamos de que, tenemos que cuidar a los y las demás, porque somos seres gregarios (nos juntamos en manadas). 

El Covid nos enseñó que, no sabemos tomar distancia, porque no sabemos lo que es respetar un metro y medio; que fuimos de viaje a la escuela, porque no sabemos entender que es el espacio personal, tantas y tantas cosas que nos enseña que aún hoy seguimos ignorando.

Saber o escuchar a niños y niñas saber que ellos y ellas son seres “non gratos”, porque en algunos espacios no pueden entrar; que no deben salir a jugar, que no verían a sus “amiguitos/as” como lo hacían antes. 

Que ya no importa el Jesús de Iztapalapa, porque puede contagiarnos, que las vacaciones son un ejemplo de lo que no se debe hacer sin precaución. El Covid nos ha enseñado tanto, pero lo hemos ignorado. Hace un año no vimos que no sabemos valorar un abrazo, un beso, una caricia, a una persona, que ahora sí nos acordamos de Dios o Diosa; nos enseña a vivir plenamente, porque podemos morir en cualquier instante.

El Covid hoy nos enseña a vivir, y como dijera un anuncio “tienes el valor o te vale”, pero hoy día quiero invitarte a tener el valor de saber que vale la pena vivir y vale la pena cuidarse.

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Por lo demás camina conmigo. No prometo nada genial, pero si les digo que cada día buscaremos ser mejores personas.  Hasta la próxima.

Hace un año